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Con Delibes, todo empezó hace 70 años

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Para Miguel Delibes escritor, todo empezó un día de Reyes de 1948 en el periódico El Norte de Castilla con aquella llamada (entonces dirían conferencia) procedente de Barcelona. Al joven Delibes se la había concedido el Premio Nadal. ¡Al hombre que había estudiado Derecho y Comercio! ¡Al joven que había empezado como caricaturista en el periódico más afamado de su ciudad!

El 6 de enero de 1948, Miguel Delibes tuvo que creerse alguien importante. Quizá se levantó como profesor de la Escuela de Comercio, como trabajador de El Norte de Castilla… pero se tuvo que acostar como escritor. Añadámosle todos los adjetivos que se nos ocurran: novel, joven, inexperto, primerizo. Eso está muy bien pero el que tenía en sus manos el premio Nadal de ese año era Miguel Delibes. Tenía entre sus brazos el Nadal por un libro titulado La sombra del ciprés es alargada. Novela distinta de casi todas las demás, repleta de personajes: Alfredo, doña Gregoria, Martina, Mateo Lesmes, Fany, Estefanía, doña Leonor, don Felipe, Manolito García, Julián Royo, Luis Bolea… Solía despachar las novelas con media docena de personajes. En La sombra del ciprés no. El protagonista va a ser un niño, Pedro, que acaba la novela adulto y casado.

Al comenzar la novela nos encontramos con dos muchachos muy amigos, Pedro y Alfredo, que la obsesión por la muerte de Delibes, trunca enseguida: Alfredo muere. Transcurre la primera parte en Ávila. En la segunda, nuestro protagonista se hace marino. La novela entera es un canto al pesimismo. En estas dos partes de 17 y 18 capítulos cada una, Pedro narra su vida desde su infancia hasta la edad adulta.

¿Es este el libro más pesimista del escritor? Yo pienso que sí. Tanto Alfredo como Pedro son dos niños huérfanos. Además, Alfredo se nos va a morir durante la novela. Cuando Pedro se case con Jane, esta también morirá. En fin, toda una tragedia.

Pedro no es uno de los típicos niños de Delibes, despiertos, hechos al mundo rural. Pedro es, en parte, el propio Delibes. Cuando le preguntaron al escritor por este asunto, si el libro era o no autobiográfico, dejó dicho: “Por supuesto. Si no en lo anecdótico, en cuanto que era el resultado de una obsesión.”

Pedro no es el niño que esperaríamos en las obras de Delibes (si previamente nos hemos leído unas cuantas). Tampoco lo es la novela. Así reflexionaba Delibes sobre su primer libro: "Cuando escribí La sombra del ciprés... lo hice en tal estado de virginidad literaria que entendía que la literatura debía ser engolada, grandilocuente, ya te lo he dicho. Y que, si no era engolada y grandilocuente, dejaba automáticamente de ser literatura. A raíz del Nadal empiezo a leer un poco obras de ficción y entonces llego al convencimiento de que, abandonando la retórica y escribiendo como hablo, tal vez pueda mejorar la cosa."

Delibes, en una última reflexión sobre el alma de este libro llega a una conclusión negativa, pero realista: “Esta novela mía, La sombra del ciprés es alargada, que tanto revuelo armó y que se llevó el premio Nadal 1947 (...) es una novela mediocre, un libro balbuciente”.

Pese a todo, a Delibes le cambió la vida el premio Nadal, aunque fuese por una obra poco depurada. Con el tiempo y El camino, Delibes descubriría su verdadero estilo austero y sencillo que le haría triunfar editorialmente de por vida.

Información adicional

  • Clasificación Colaborador: A vueltas con Delibes
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