Carta de Ángel González, leonés y cubano, glosando su vida en León y en Cuba

 

Muy estimados y queridos colegas: Estoy muy, pero muy extremadamente preocupado por la crítica situación de la pandemia en España. Sobre todo por las alarmantes cifras de infestados y muertes que han llevado a mi querida España a ser, después de Estados Unidos, al segundo país con más contagiados y con más muertes en todo el planeta con este súper contagioso virus.

Me solidarizo de todo corazón con el dolor que está padeciendo y sufriendo todo el pueblo español, toda España, y en especial la autonomía de Castilla y León y mi querida provincia de León, que según veo, con profundo pesar, en los datos recientes el número de fallecidos por COVID-19 se sigue elevando. Aunque, gracias a Dios, los índices de las estadísticas de León son de los más bajos de España.

Es muy probable que algunos de vosotros sepáis desde hace más de dos décadas algo de mí en mayor o menor medida y que otros no tengan ni la menor idea de quién os escribe estás líneas.

Mi nombre es Ángel González González. Soy leonés y por tanto español de la Autonomía de Castilla y León. Nací hace 80 años, un 20 de marzo, en Matanza, a la que popularmente se le suele llamar Matanza «de La Sequeda», perteneciendo a dicha comarca, probablemente por hallarse en un lugar secano a unos 850 metros sobre el nm. Recuerdo haber visto estando en la aldea bajar el agua con ensordecedor ruido arrastrando piedras por entre las peñas por el cauce seco, y a los pocos minutos volver a quedar seco. Estando en mi aldea en 2003 junto al brocal de un pozo, un vecino se me acercó y me dijo: «Este pozo lo hizo tu padre con un pico cavando durante años hasta los 15 en la roca viva. Da poca agua; pero, cuando los demás están secos, este es el único que tiene.»

Es una pequeña aldea del municipio de Valderrey, cercana alrededor de unos 4 kilómetros a Astorga. Los habitantes de esta aldea se han caracterizado por emigrar a otras ciudades y provincias de España, pero también a otros países como a la República Argentina, donde tengo más de un centenar de parientes, y a Cuba, donde ya no tengo a nadie consanguíneo, que yo sepa.

Mi padre, nacido con el siglo, emigró a Cuba, teniendo casi un sexto grado, con 16 años acompañado de un hermano dos años mayor que él para trabajar en La Habana en casa de unos parientes en una bodega llamada «El Agua Fría» en la Plaza del Polvorín. Allí pasaron años muy duros y difíciles en que trabajaban por la comida, un par de alpargatas, dos mudas de ropa y la cama, como la gran mayoría de quienes emigran en busca de un futuro mejor, un futuro promisorio para él y su familia.

Ahorraron su dinerito y se les unió otro de sus hermanos. Lograron independizarse. Y la suerte junto al sacrificio les sonrió. Pero esta va a ser mi historia, no la de mi padre que, por cierto, es muy interesante y tengo idea de publicar en colaboración de un afamado periodista investigador cubano conocido mío.

En el 60 viajo con mis padres a España para conocer a mi familia y ver por última vez a mi abuela paterna. Mi padre me hizo hacer todas las labores campesinas que el hacía de niño. Segué con hoz y con guadaña, pasé el rastrillo, aventé el trigo, trillé; vendimié, me enseñó a pisar las uvas, como en tiempos antiguos, bebí un vaso del dulce mosto y ayudé a llenar los barriles en la bodega y a echarle la madre. Mi tío, José Reñones, esposo de la hermana de mi madre me dio una pelliza para ponerla por encima de los pantalones quitándome el frío de las piernas, echó en una alforja 3 o 4 hogazas de pan con queso, chorizo, jamón y lascas de pierna más cuatro botellas de vino de la casa, cogió el callao y salimos a pastorear durante todo un día a las ovejas ayudados por tres pequeños perros inteligentes para mover el rebaño y dos grandes de pelea para defender del lobo, con collar de cuero y púas de acero… Así es como le coge uno amor a la tierra que me vio nacer.

Comí la alimenticia olla o cocido maragato con sus siete tipos de carnes, al que ese tío me enseñó a refrescar, si estaba muy caliente, echándole un poco del fresco vino de la casa. Y, por supuesto no podían faltar las deliciosas mantecadas de Astorga.

Fui a las fiestas de pueblos cercanos. A una de ellas en el mulo de mi tía Rosario, hermana de mi madre, sentado entre mis primas Marita y Teresa. Me sentía valiente y deseaba que saliera el lobo para demostrar mi coraje, mientras mi primas iban muertas de miedo.

En algunas de las fiestas me hicieron vestir con traje maragato y bailar con un tamborilero al que llamaba Cambús (nombre que a veces lo oía decir con G), con su tamboril colgado de su cintura, en ocasiones acompañado por una pequeña pandereta, y siempre con un flautín con el que chiflaba, ayudando así al ritmo de su música antes que tocarán unos músicos o pusieran una grabadora con boleros y canciones. Desde todos esos poblados se veía como una constante el pico siempre nevado de El Teleno.

Luego hice con mis padres un maravilloso recorrido por toda la costa norte primero en Vigo y después desde San Sebastián hasta el principado de Asturias, conociendo así pueblos, costumbres y estilos de vida diferentes. Por último, en Madrid fui con unos primos a la calle el Pez No. 6 y vi danzar unas jóvenes bailarinas haciendo retumbar el tablado sintiéndolo vibrar dentro de mi pecho mientras alzaban rápido mostrando la pierna con el vertiginoso vuelo de la falda al tiempo que batían con gracia las castañuelas, y aquello me labró profundo en mi corazón. Años después vi una revista de la Casa de León en Madrid y relaté en un artículo aquellas imborrables impresiones, y me lo publicaron, y su Director, Álvarez, me hizo una suscripción gratuita a la revista mientras el fuera Director.

Casi seis meses duró ese maravilloso viaje planificado para ocho en el que aprendí mucho de ese maravilloso país, mi país de origen; pero, que, razones imprevistas, nos hicieron acortarlo.

Volvamos unos años atrás, en Cuba. Mientras terminaba la escuela secundaria básica (8º grado) y pensaba estudiar Comercio. En 1956 estudié inglés en una escuela especial pública y al mismo tiempo hice un High School en la Havana Business Academy, una especializada en la enseñanza bilingüe, en la primera enseñaban mucha gramática funcional y en la segunda, mucho vocabulario.

Fui buen fotógrafo desde niño. En el 57 pasé un curso gratuito de fotografía y laboratorio que impartió la Kodak, con objetivo que luego propagandizaramos los nuevos quimicales fotográficos enlatados.

Al no poder estudiar Comercio por cerrarse esas escuelas, aproveché para realizar un viejo sueño: Matriculé Dibujo Comercial y Diseño y asistí como oyente a las clases de Dibujo Artístico impartidas por la pintora y escultora Amelia Peláez en los recesos de las de Comercial.

Graduado ya como Diseñador Gráfico en 1961 obtengo un Primer premio en un Concurso de Fotógrafos Aficionados. Fui Jefe de Cátedra para la asignatura de Diseño Gráfico de Prensa Escrita entre 1970 a 1973 en las Facultades Obreras de Periodismo en toda Cuba. En 1983 obtengo la licenciatura en Periodismo. 1984 imparto clases de Diseño Gráfico en el periódico Barricada, en Nicaragua. Realizó un post-grado en Estética Marxista y otro en Computación en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC), en donde algunos de sus científicos nos impartieron WordStar, SuperCalc-2, Debase-2, MSDOS y Basic. Además, profundizó con auto-estudios en los conceptos de El Bauhaus y el funcionalismo.

Paso en los 90 a ser Jefe del Departamento de Diseño y Computación del periódico Juventud Rebelde y del semanario Opciones de los cuales era fundador.

En 1997 mi madre realiza un viaje por el programa «Añoranza», después de 57 años de haber dejado la aldea. Algunos me comentaron luego que había ido a despedirse. Fallece en 1998. Mi padre había fallecido 10 años antes. Una amiga, que viajó acompañando a su mamá en ese Añoranza, al verme tan desolado, me recomendó que me acercara más a la Junta Directiva de la Colonia Leonesa y participará como oyente en sus reuniones y que continuará asistiendo a todas sus actividades recreativas socio–culturales.

Así lo hice. Pocos meses después enviaba un artículo sobre una festividad efectuada por la Colonia Leonesas de Cuba al Diario de León y a la Casa de León en Madrid. Más adelante reportaba otra de la CLC y de la Agrupación de Sociedades Castellanas y Leonesas, y aumentaba el número de publicaciones a donde las enviaba, incluyendo España Exterior y EL FARO ASTORGANO, entre otras.

Entablé amistad con Alfonso García, de Filandón, con sus conversatorios en el que en uno de ellos, era el de «Un viajero, no el de un turista», y terminó diciendo que le solía decir a su mujer, que si algún día «me perdía, me buscará en La Habana».También hice algunos reportajes y crónicas a otras sociedades españolas, como a la de Naturales de Ortigueira. Establezco además relaciones más estrechas con alguna publicaciones como el DL.

En noviembre de 2001 me dan un viaje de Añoranza. Todas las jefaturas y direcciones del periódico y políticas del Partido están de acuerdo, pero la subdirección del organismo superior al que pertenecíamos (la UJC) no me da la liberación del trabajo.

Tres días después, desde España, me llama por la madrugada Charito, la coordinadora del programa «Añoranza», para ver si mantenía la intención de viajar. Cinco no lo hicimos y con la reintegración de los boletos a Iberia se podía obtener un nuevo pasaje. Me aclaró que tenía que buscar quien me recibiera en Barajas y me llevará al hotel de León o a quien me tendría a su cuidado. Tenía un primo en Madrid casado con una prima, sobrina de mi madre y le envié un correo-e para alertarlo. Esperaba que lo pudiera ver a tiempo. La oficial Jefa de Emigración tenía mi pasaporte listo, y me dijo que a cualquier hora que me dieran la liberación la llamara por teléfono a la oficina o a su casa. Me dieron la liberación y el vuelo para el día 11. Mi primo no había visto aún mi mensaje. Se lo dije a Rogelio Polanco, hoy embajador de Cuba en Venezuela, cuando aquello Director del periódico, quien siempre me apoyó. Me pidió le diera la dirección de mi primo y unos minutos después me llamaba a la Dirección para que hablara con mi primo por teléfono. Coordinamos, pues personalmente no nos conocíamos.

El 11 fue lo de las Torres Gemelas. Suspendieron todos los vuelos. No pude viajar hasta el 14. El 17 con una de sus hijas, conduciendo su marido que es minero de Asturias a quien se le hacía camino, en cerca de 6 horas por una autovía, después de dos paradas no muy cortas durante el trayecto, llegamos al Hostal «La Paz», en Celada de la Vega, propiedad de la familia de mi prima Marita.

Unos días después al inicio de la calle Manuel Gullón, donde un hermano de mi padre había tenido una tienda de ultramarinos, en Astorga, visitaba la redacción de EL FARO ASTORGANO. Todavía utilizaban el CorelVentura 5 para diagramar. Me hicieron una entrevista que publicaron en un folio Tabloide.

No pasaron muchos días sin que mi prima a instancias mías me llevara a Trobajo del Camino. Allí conocí personalmente a Vicente Pueyo, muy afable, quien me hizo un recorrido por el edificio y hasta por la rotativa, quedándome boquiabierto al ver en un salón que parecía el de un quirófano aquella máquina tan limpia, sin manchas de grasa ni de tinta.

Conocí también a Luis Ángel Cano Pinto, mi homólogo, con quién compartí criterios y a su infógrafo. Vi el sistema que tenían establecido para confeccionar el periódico.

Charito, me prometió que como este viaje me resultó tan de aciago, para el próximo Añoranza sería el primero en la lista. Y efectivamente, su palabra fue de mujer. Para el 2003 encabezaba la lista.

Afiancé los lazos de amistad con el EL FARO y con DL. Este último pertenecía en aquel entonces a un grupo de periódicos cuyo periódico insignia era Las Voz de Galicia, que en esos momentos estaba instalando ya el Indisign para la diagramación. Me facilitaron los emails de los dos infógrafos de La Voz (padre e hijo). Xuan, el hijo, Infógrafo interactivo, aunque yo era en impreso, se convirtió en mi maestro. Fue para Nueva York y llegó a ser el mejor a nivel mundial.

En 2004 Vicente Pueyo y su esposa nos visitaron. (Mi hijo que había sido subcampeón en Judo en unos Juegos Nacionales Escolares, había dejado las artes marciales por desacuerdo con su entrenador quien quería subirlo de peso en contra del criterio del pediatra que decía que eso lo convertiría en obeso, y había pasado al Hokey sobre Césped en que resultó ser tambien bueno.) Le trajo dos bastones de Hokey.

Mi esposa y mi hijo compartimos con ellos en casa. Al día siguiente fuimos a degustar de un delicioso almuerzo a la Flor de Loto, un famoso restaurante del Barrio Chino. Hicimos junto con mi esposa un recorrido turístico por La Habana Vieja. Vicente un día después se reunió con la Junta Directiva del la CLC con quién intercambió opiniones. Propicié una reunión de él con Polanco, Director de la Editora JR, en la cual hubo acuerdos de cooperación, ratificando mediante Luis Ángel la ayuda Técnica y con el suministro de informaciones por parte de JR relacionadas con España, la autonomía de Castilla y León, y León. Poco después nos visitó también su hermano Enrique, si su nombre no me falla en la memoria.

Desafortunadamente pasaron unos meses y ese buen hombre, esposo, padre, periodista, ciclista…, dejó de acompañarnos. Pero nos dejó recuerdos imborrables.

Me disculpo por haberme extendido tanto, pero hay cosas en mi corazón que me resultan difíciles de acallar.

Soy miembro de la Colonia Leonesa de Cuba desde hace más 60 años. Fui vocal de su Junta Directiva por casi 12 años, durante varias Presidencias. Me jubilé siendo Subdirector Artístico de la Editora JR y por tanto de Juventud Rebelde y Opciones, cesando en otras responsabilidades de diseño y edición, y también en la de profesor adjunto en la especialidad de Diseño Gráfico de Prensa en el Tercer Año de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana. Mantuve relaciones personales con afamados diseñadores e infógrafos a nivel mundial, entre ellos, Mario García de quien estudié por su libro «Diseño y remodelación de periódicos» con quien años más tarde (1997) mediante Internet tuve correspondencia durante 7 años. Él rediseñó con éxito un periódico estadounidense, luego otro inglés. Rediseñó el l’Humanité de Francia y entre otro ya con un equipo el O’Globe dy Brazil, hasta que creó la empresa para rediseñar publicaciones «García Media», y al argentino González–Rubio, q.e.p.d., diseñador, infógrafo y además redactor de una sección del diario español ABC con quien tuve algunos años correspondencia, a quien conocí junto con otros, en una reunión en el Instituto Internacional de Periodismo «José Martí», en La Habana.

Al jubilarme cerré con una conferencia de 44 minutos titulada «¿Qué es la infografía?» en la que concluía esta vieja técnica que tuvo sus orígenes e la ilustración, devenida ahora con el nuevo nombre con la digitalización, con una clasificación de grupos, en el Palacio de las Convenciones de La Habana a la que acudieron Diseñadores e Infógrafos nacionales y extranjeros, así como algunos editores jefes y redactores de prensa cubana y algunos fotógrafos interesados en esta cuestión. Moltó, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) quiso que áhiciera con él un recorrido por la Isla impartiendo una versión de mi conferencia a los directivos de todos los periódicos provinciales, pero su salud no lo permitió y sólo fuimos al periódico Girón en la provincia de Matanzas.

Estimados amigos: Os deseo lo mejor en vuestra labor informativa y sin percances con el favor de Dios, nuestro Señor, ni en vuestros periodistas, ni en los trabajadores, ni en las familias de ambos.

Quiero hacerles llegar muy especialmente mis buenos deseos a la viuda e hija de Pueyo, a Luis Ángel Cano, a mi amigo García, el del Filandón, a Miguel Ángel Zamora y a muchos otros que harían muy larga la lista y este texto de por sí muy largo.

Cuando finalice está pandemia infernal, volveré a reportar sobre la CLC y la ASCyL.

Mientras, cuidémonos todos mucho, en especial los grupos que somos de más alto riesgo cumpliendo todas las medidas higiénico–sanitarias de aislamiento social y cuarentena que es hasta ahora lo único efectivo que hay contra su trasmisión (hasta que se cree algo) evitando el ser contagiado o contagiar a otros sin saberlo (incluso hay casos asintomáticos):

  • Usar nasabuco.
  • Mantenerse alejado de otros individuos a no menos de un metro o metro y medio.
  • Lavarse las manos constantemente.
  • No llevarse los dedos a los ojos, nariz ni boca.
  • Evitar el salir, a no ser en casos de extrema necesidad.
  • Y… Mejor aún: Quédate en tu casa.

Con el mayor Cariño,

La Habana, domingo 12 de abril de 2020

Ángel González

 

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