El amplio patrimonio arqueológico que conserva la finca del antiguo convento de Santa María de Matallana, dentro de las instalaciones de la Diputación de Valladolid, se dará a conocer a través de una muestra museística promovida por la Consejería de Cultura y Turismo. Se trata de los hallazgos de las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por iniciativa de la Universidad de Valladolid y que abarcan desde la Prehistoria hasta las propias ruinas del monasterio, pasando por hallazgos romanos y visigodos.
El director general de Patrimonio Cultural, Gumersindo Bueno, acompañado del vicepresidente de la Diputación Provincial de Valladolid, Víctor Alonso, ha presentado la musealización de los yacimientos arqueológicos de la Finca Matallana, situada en la localidad vallisoletana de Villalba de los Alcores.
Bajo el nombre ‘La huella del tiempo. Yacimientos arqueológicos de Matallana’, la Consejería de Cultura y Turismo, de acuerdo con la Diputación Provincial de Valladolid, ha impulsado la creación de un espacio dentro del edificio compartido con el salón de actos donde se muestren los resultados más relevantes de los yacimientos investigados, dentro del hilo conductor que recorre la historia de la finca desde los primeros asentamientos prehistóricos hasta su estado actual.

La finca del antiguo monasterio de Santa María de Matallana alberga una inusual concentración de yacimientos arqueológicos, algunos directamente vinculados a la historia del antiguo cenobio y otros que remiten a momentos antiguos de la Prehistoria reciente. Varios de estos yacimientos han sido objeto de investigación arqueológica por parte de la Universidad de Valladolid, en el marco de varios convenios de colaboración entre esa institución y la Junta de Castilla y León o la Diputación Provincial de Valladolid, propietaria de la finca. Entre ellos, cabe destacar el yacimiento de la Edad del Cobre (2750-2450 a.C.) y Edad del Bronce (1750-1110 a. C.) denominado Casetón de la Era II; la necrópolis del Prado de la Guadaña, con una fase visigoda (ss. VII-VIII) y otra medieval (ss. X-XII), esta última vinculada a la aldea de Mataplana, de la cual se han excavado dos hornos pertenecientes a un tejar; o las propias ruinas del monasterio de Santa María de Matallana, que datan del siglo XIII en su fase más antigua.
La exposición ha sido financiada dentro de un proyecto europeo transfronterizo del programa INTERREG ESPAÑA-PORTUGAL 2014-2020, denominado ‘Patrimonio cultural en común’ y promovido por la Consejería de Cultura y Turismo y por la Direção Regional de Cultura do Norte del Gobierno de Portugal. Tiene como objetivo proteger y poner en valor el patrimonio cultural como soporte del desarrollo económico.
Además, la exposición forma parte de las labores de difusión del patrimonio cultural de la Consejería de Cultura y Turismo, que este año 2020 han quedado englobadas en el programa AR&PA TERRITORIO, una apuesta por la descentralización de actividades, en coordinación con los órganos territoriales de la Junta de Castilla y León, en la que se busca la colaboración y cooperación con diversas instituciones y la difusión de los proyectos y líneas de trabajo que ejecuta la Consejería. Estas actuaciones se orientan a establecer estrategias de sensibilización y consolidación de la participación social en relación con el patrimonio cultural. La información sobre el Programa AR&PA TERRITORIO está disponible en la web de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León.
A continuación, se recoge un breve extracto del artículo «El monasterio cisterciense de Santa María de Matallana» del arqueólogo de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Manuel Crespo Díez, publicado en la obra colectiva «Conocer Valladolid. VII Curso de patrimonio cultural 2013/2014», pp. 41-59, editada por el Ayuntamiento de Valladolid, 240 páginas. Este volumen reúne las contribuciones científicas presentadas en el VII Curso Conocer Valladolid, celebrado en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, entre los días 4 y 27 de noviembre del año 2013.
El monasterio cisterciense de Santa María de Matallana
Manuel Crespo Díez
Las ruinas del Real Monasterio de Santa María de Matallana se sitúan aproximadamente en el centro de la finca Coto Bajo de Matallana (Villalba de los Alcores, Valladolid), propiedad de la Diputación de Valladolid desde 1975 y actual Centro de Interpretación de la Naturaleza Matallana.
Se emplaza a la sombra de las estribaciones septentrionales de los Montes Torozos, sobre una llanura suavemente ondulada perteneciente ya al ámbito de Tierra de Campos cuyo dilatado horizonte se extiende en dirección norte. Se trata pues de un espacio de transición entre páramo y llanura, regado por los arroyos Mijares y Las Cárceles, tributarios ambos del Sequillo. La presencia en sus proximidades de montes de encina y carrasco, buenas tierras de cultivo y pastizales han caracterizado este espacio a lo largo de los siglos convirtiéndolo en un lugar idóneo para la vida campesina lo que explica que, ya desde el Calcolítico (2500 a.C.), el sitio haya estado poblado por el hombre.
Breve historia del Monasterio
Hacia el año de 1185, un grupo de monjes cistercienses venidos de la abadía francesa de la Crête fundaron el monasterio de Santa María de Matallana. Los documentos y la arqueología nos informan que no se trataba de un lugar despoblado. Muy al contrario, en el sitio se localizaba previamente la aldea de Mataplana.
Prospecciones y excavaciones arqueológicas desarrolladas en el entorno del monasterio permiten localizarla tanto en el solar ocupado por el cenobio como en las parcelas situadas inmediatamente al Norte y Este. Entre 1140 y 1181 la aldea perteneció a los caballeros hospitalarios. En 1183 Alfonso VIII se la entregó a Tello Téllez de Meneses quien dona el lugar a la abadía de la Crête para que funde allí un monasterio. En torno a 1185 se realizó la entrega oficial del lugar, figurando como primer abad del monasterio fray Roberto.
Parece que las obras de construcción se retrasaron varias décadas, periodo durante el cual el monasterio realizó un importante conjunto de adquisiciones patrimoniales encaminadas a asegurar la viabilidad económica del cenobio. Durante este periodo los monjes debieron aprovechar las instalaciones de la antigua Mataplana hasta que, en 1228, siendo abad Fray Egidio y con el apoyo de la reina doña Beatriz de Suavia, se inicia la construcción de la iglesia abacial. Los siglos XII y XIII serán un periodo de expansión durante el cual el monasterio acaparará un gran número de propiedades a través de donaciones, trueques y compras que proporcionarán los fondos necesarios para su construcción. Esta fase expansiva se detiene, por diferentes motivos, a finales del siglo XIII siguiéndole un periodo de estancamiento que alcanzará niveles de crisis a mediados del siglo XV con la aparición de la figura de los abades comendatarios. Se trataba de señores laicos o eclesiásticos que, en pago a sus servicios, obtenían del papado el abadengo de algún monasterio. Por lo general, supusieron una grave carga para las abadías, ya que tenían la capacidad de enajenarse parte de sus ingresos sin que en contrapartida tuvieran que preocuparse de su administración. Tal situación condujo a la precariedad económica y desgobierno de muchos de ellos.
En Matallana, el mandato de los comendatarios se extenderá entre 1476 y 1515. Esta situación finalizará con la incorporación del monasterio en la Congregación de Castilla, que agrupaba a todas las abadías castellanas incorporadas al movimiento reformador iniciado por fray Martín de Vargas. Con esta incorporación, el monasterio recuperó su autogobierno, mediante la elección de abades por periodos trienales, y asumió una serie de cambios dentro de las costumbres monásticas que incidirán en la arquitectura del edificio. De este modo, a lo largo del siglo XVI se sucederán las obras, primero mediante la construcción de una cerca de tapial (1518- 1524), que será sustituida a mediados de siglo por la de piedra que aún rodea el monasterio. Además, se construye la nueva portería (1545-1569), se levanta un segundo piso de galerías para el claustro, el coro alto de la iglesia (1533-1540) y las escaleras de bajada a la misma desde el claustro alto (1592). A finales de esta centuria se inicia la ampliación hacia el Este con el inicio de las obras de un nuevo claustro, conocido como claustro de la Hospedería. En 1782, bajo el mandato de fray Bernardo Ceballos, se demolerán las arquerías del claustro reglar y se procederá a su sustitución por unas nuevas de trazas neoclásicas.
La Guerra de la Independencia marca el principio del fin del monasterio. Durante el conflicto, la abadía es saqueada por las tropas francesas y, en 1809 los monjes se ven obligados a abandonarlo con motivo del decreto de supresión de las órdenes regulares y monacales firmado por José Bonaparte. Acabada la guerra, la comunidad retorna al lugar encontrándoselo seriamente dañado por el abandono y robos de los vecinos de las poblaciones próximas. En 1820, durante el Trienio Liberal, el monasterio vuelve a ser enajenado por el gobierno y los monjes abandonan Matallana hasta el 26 de junio de 1823, fecha en que Fernando VII restablece las antiguas posesiones de los monasterios suprimidos. Finalmente, durante la regencia de María Cristina, se dicta el decreto definitivo de expropiación, por lo que el 12 de octubre de 1835 se ordena la salida de los monjes de todos los monasterios y la extinción de Congregación de Castilla. Fue el último abad de Matallana fray Juan de la Concha. Las instalaciones del monasterio servirán durante un periodo de tiempo como hospital general del presidio del Canal de Castilla, procediéndose a su demolición a lo largo de la década de los 40 para aprovechar sus materiales de construcción en las obras del canal. En 1865, Juan Pombo, propietario de las tierras que rodeaban el monasterio, compró las pocas edificaciones que quedaban en pie convirtiéndolas en casa de labor.

En 1918, los propietarios de la finca desescombran las ruinas de la antigua iglesia abacial en cuyo interior se descubre una serie de magníficos sarcófagos góticos en los que descansaron algunos miembros del linaje de los Téllez de Meneses. En 1931 el Gobierno declara Matallana Monumento Histórico–Artístico Nacional. Hacia el año 1946 los sarcófagos son adquiridos por Ignasi Martínez que los vendió al Museo Nacional de Arte de Cataluña, lugar donde se hallan desde 1950. En 1975 la Diputación Provincial de Valladolid compró la finca Coto Bajo de Matallana. Actualmente, manteniendo su ancestral vocación agrícola, el lugar se ha convertido en un centro de ocio y actividades culturales encarnado en el denominado “Centro de Interpretación de la Naturaleza Matallana”. (…)




