
Hace ya unos meses, importantes medios de comunicación agrícola presentaban un novedoso “pastor de frutales”. Un sistema protector contra las plagas trepadoras, un serio problema para éstos cultivos arbóreos.
Aproximadamente, la mitad de las plagas que afectan a los frutales llegan andando y subirán al frutal por cualquier contacto, que éste tenga con el suelo. Normalmente, será a través del tronco pero si este está bloqueado por un sistema protector, lo harán si pueden, por cualquier parte. Actualmente y desde hace ya cuarenta años, ésos sistemas protectores se han basado en cintas adhesivas, poco ecológicas, con importantes residuos imposibles de reciclar y con una estética poco respetuosa con el medio ambiente. Los tiempos cambian. La agricultura se ha modernizado en casi todos los procesos sin embargo, en esta materia que tratamos, las técnicas antiplagas para frutales llevaban un gran retraso.
Después de diez años de investigación, en la Finca Escuela de Espinosa de los Monteros (Burgos), y de la mano de dos investigadores burgaleses, ese retraso ha llegado a su fin. Una científica de la Universidad de Burgos (UBU), Bárbara de Aymerich Vadillo que ha visto reconocida su labor educadora, científica y divulgadora con el prestigioso Global Teacher Award, que concede AKS Education Awards, y un técnico industrial, Manuel Contreras, creaban el primer “pastor eléctrico antiplagas para frutales del Mundo”. Una extraordinaria tecnología, que se torno más compleja de lo pensado inicialmente. Pastores eléctricos para el ganado hace muchos años que existen pero poco tienen que ver con la complejidad de un pastor de frutales. Prevenir que un pulgón suba a un frutal, no es lo mismo que evitar que una vaca se salga de un prado.
Tampoco los prados crecen, mientras que un sistema colocado en un tronco, tiene que adaptarse durante años al crecimiento, dado que un árbol es un ser vivo. Pero el mayor de los problemas surgía con la lluvia, un contratiempo puramente químico en las cintas metálicas protectoras, tiraban por tierra varios años de trabajo. Las cintas metálicas sometidas a corriente eléctrica, con una separación tan sólo de un milímetro, generan efectos catalíticos y calcificaciones de las sales disueltas, que descienden por el tronco con el agua de lluvia. Parecía imposible solucionar ese problema, pero gracias a los conocimientos en química de los investigadores, se pudo seguir adelante con un final exitoso en todos los aspectos que se buscaban.
Nace así el pastor de frutales eléctrico, E-Cont3, un moderno sistema de protección capaz de permanecer instalado en el frutal hasta veinte años sin mover, sin mantenimiento, con energía estática de auto-recarga perpetua. El secreto de este éxito se debe a la creación de unas cintas no metálicas, elaboradas con Grafenox, un producto de creación propia, dotado de alta conductividad eléctrica, y sin los temidos efectos catalíticos. Una cinta de tan sólo siete milímetros de ancha, que se adapta al crecimiento del tronco hasta doblar su tamaño, con una estética insuperable pasando desapercibida en el entorno.
Un año después de su creación, esta ya disponible para su uso, primero será en grandes plantaciones, tanto si son convencionales como ecológicas. El sistema es regulable en potencia, de tal modo, que respetará a todo insecto sin daño alguno, cuando se elija el modo ecológico, actuando como repelente. En función convencional y con mayor potencia, liquidará si se desea, a pulgones, cochinillas, orugas hormigas y otras minúsculas plagas trepadoras.
Actualmente ya hay empresas de renombre nacional, en contacto con la firma BayCont, creadora del sistema, para un proyecto ambicioso, donde se instalaría este pastor de frutales en varios miles de naranjos e higueras.
Esta tecnología tiene un largo camino por delante, su uso puede extenderse con seguridad, varios cientos de años; su costo es inferior incluso, al de las cintas adhesivas de usar y tirar cada quince días.
El sistema se puede solicitar en España, donde se recibirá asesoramiento directo en la plantación, con montajes de prueba. Desde América, se aporta la tecnología, video explicativo y un completo manual. A cualquier otra parte del Mundo se servirá de igual manera en inglés.
Esta nueva tecnología, pensada, diseñada y parida en la comarca de las Merindades de Burgos, goza de una enorme potencial para ser aplicada a escala global si cuenta con apoyo financiero público o privado. Sin duda, es un elemento nuevo que servirá para modificar el modelo productivo clásico y agotado de la gran industria, consumidora de energía fosil, con mano de obra intensiva. Merece una oportunidad, claramente en el siglo XXI, siglo de consolidación de la comunidad como espacio geográfico con capacidades, recursos, tecnología y, sobre todo, personas, mayores, niños, mujeres y hombres. Eso debe ser Castilla y León ahora y siempre. Este pequeño avance tecnológico, casi impercetible en el tronco del árbol frutal, puede ser un gran elemento dinamizador de la estructura tecnológica regional. Ese es el camino a seguir. Los representantes políticos y los empresarios han de apostar por esta nueva tecnología. En caso contrario, seguiremos viviendo de la nostalgia, de lo que fuimos, de lo que pudimos, de lo que vivimos, con el freno echado, sin arriesgar en proyectos tangibles y de futuro, de tecnología punta, exportable, rentable. Bárbara y Manu están a la espera, pacientemente, con la enorme ilusión que genera tener certezas que han descubierto y desarrollado una herramienta que funciona, que es aplicable a la agricultura y que no es onerosa.





