
Biblioteca con jardínes, es el título del nuevo poemario de el poeta madrileño, aunque castellano y leonés de adopción, Carlos Aganzo, con el que cierra la tetralogía poética iniciada en el año 2011 con Las voces encendidas, y que incluye además los poemarios Las flautas de los bárbaros (2012) y En la región de Nod (2014).
En este libro, toma la palabra la conciencia que denuncia la traición del ser humano a sí mismo, y que anuncia una nueva caída de la civilización frente a la barbarie, provocada por la pérdida de los valores de nuestra cultura grecolatina. Una corriente de decadencia, individual y colectiva, que desemboca en la crisis profunda de nuestros días.
Dice el poeta en el prólogo:
Tal vez me hubiera gustado no haberlo escrito. Pero lo escribí. Lo empecé a sentir así desde el año 2007, cuando dicen las estadísticas que el mundo conocido alcanzó las cimas más altas de su prosperidad… antes de la caída. De ese año son los primeros poemas de Las voces encendidas, un libro que se me rompió entre las manos como una señal de alarma.
Como la evidencia de que definitivamente algo no iba bien. Yo vivía entonces en Ávila, y la quietud de la Muralla y las nieves estacionales de la sierra, a las que se asomaban las ventanas de mi casa de Narrillos de San Leonardo, se empeñaban en decir lo contrario.
Entre los años 2007 y 2009, antes de venirme a vivir a Valladolid, viajé por media España, desde Ribadavia hasta Jaén, y desde Hervás hasta Girona, recibiendo siempre las mismas señales: al hilo de una presunta crisis económica, la verdad era que nuestra sociedad entera presentaba indicios de desmoronamiento. De la caída de los grandes valores de la herencia grecolatina di cuenta en Las flautas de los bárbaros, mi siguiente libro. Y del desinflamiento absoluto de toda la cultura occidental, desde su raíz extrema en los paisajes de la Biblia, hablé en En la región de Nod. Avisos y más avisos de la decadencia.
Los primeros poemas de Jardín con biblioteca, que cierra ahora el ciclo, los escribí viajando por Sicilia, donde la poeta Stefania di Leo había traducido al italiano Las voces encendidas (Le voci accese). A aquel Cuaderno siciliano se sumó después el Cuaderno napolitano, fruto de un viaje a Nápoles y la Costa Amalfitana en 2013. Sobre el Etna, el Vesubio: más indicios de la erupción. En un momento de esta carrera de la vida, se me murió mi querido amigo y maestro Emilio Rodríguez Almeida, el humanista más grande que he conocido. Antes de marcharse me confesó que él también había visto estos signos.
Los últimos poemas de este libro se asoman ya a 2020, el año de la Peste. El año en el que tantos signos, tantas alarmas y erupciones se han manifestado al fin en forma de hecatombe.
La caída de todos los imperios frente al volcán imparable de la codicia. La lucha incierta de los héroes contra su destino. El regreso a las oscuras fronteras de la resistencia.
En la mántica griega, los hombres eran capaces de acercarse tanto a los dioses que llegaban a compartir con ellos el arte de la adivinación. Para ello era necesario que ejercitas en ciertas técnicas, basadas en el entusiasmo y en el furor humanos.
Entre ellas, la poesía. Dicen que por eso la mantis religiosa tiene los brazos cruzados, en forma de sacerdotisa, de náyade o de vestal.
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Brillante poemario en el que el autor vuelve a ofrecernos su voz potente y premonitoria
El camino que trae hasta este libro, que clausura la tetralogía de la caída sumándose a los tres anteriores, ha sido largo. “Nada cría la tierra más endeble que el hombre de cuantos seres respiran y caminan por ella. Mientras los dioses le prestan virtud y sus rodillas son ágiles, cree que nunca en el futuro va a recibir desgracias; pero cuando los dioses felices le otorgan miserias, incluso estas tiene que soportarlas con ánimo paciente contra su voluntad”, dice Homero en La Odisea. Algo de eso nos está ocurriendo. No hemos sabido ver las señales.
I
Yo no puedo luchar, no soy hoplita.
Pero puedo cantar. Y cantaré.
Si me cortáis la lengua, daré palmas.
Si las manos, patadas contra el suelo.
Y si los pies, encenderé una hoguera,
tan alta de silencio,
que todos los soldados,
los jueces, los liturgos, los escribas,
ebrios hasta los tímpanos,
volverán sus escudos y sus lanzas
en contra de los cónsules.
También puedo llorar y con mis lágrimas,
sumadas a las lágrimas
de todos los sin lengua,
los sin piernas ni brazos,
formar una corriente arrolladora
que os empuje hasta el mar y que os expulse
de esta tierra que nunca ha sido vuestra.
Yo no puedo luchar, no soy hoplita,
siquiera ciudadano
después de tanto como se ha perdido.
Pero aún puedo cantar (como la musa,
la cólera de Aquiles por los muertos).
Datos sobre el autor
Carlos Aganzo (Madrid, 1963) suma en su andadura poética una sucesión ininterrumpida de publicaciones, varias de ellas reconocidas con algunos de los más prestigiosos premios de nuestro país. Una obra que, en lo fundamental, se halla recogida en las antologías Ícaro en los ojos (2017) y Arde el tiempo (2018). Autor, además, de numerosos libros de viaje, como periodista ha consolidado una intensa carrera que le ha llevado a dirigir periódicos como Diario de Ávila o El Norte de Castilla.
Jardín con biblioteca

Ediciones Cálamo. Palencia, 2020
ISBN: 978-84-16742-22-
656 páginas
210 x 140 mm
PVP: 12 €