
Agroseguro el pasado día 28 de enero, una jornada sobre “el cambio climático y su impacto en el seguro agrario”, que contó con la asistencia de más de 150 representantes de todas las administraciones públicas implicadas, de las organizaciones agrarias y cooperativas y del propio sector asegurador. En dicha jornada se constató el impacto del asurado en los años extremos, fenómeno que genera una pérdida de hasta un 20% de la producción cerealística en Castilla y León, según aportación del geógrafo Jonathan Gómez Cantero.
El geógrafo Jonathan Gómez Cantero cerró las ponencias presentando el estudio “Impactos del cambio climático en las estepas cerealistas españolas”, en el que se refleja una reducción de entre el 15% y el 35% de las precipitaciones de primavera en las dos Castillas, lo que provoca acusados descensos en la producción en ambas regiones. Respecto a las heladas, destacó que “están yendo a menos en el conjunto de las zonas geográficas analizadas, pero no van a desaparecer”, advirtiendo además de los “graves efectos” que tienen sobre las cosechas. Por último, citó al asurado como “uno de los fenómenos con mayor efecto en la producción cerealista”, destacando que deja pérdidas de producción «de hasta un 20% en Castilla y León en los años extremos”.
¿Qué es el asurado?
Las altas temperaturas y la ausencia de precipitaciones de las últimas semanas están llevando al cereal de secano a un punto de estrés hídrico que está poniendo en peligro la normal maduración del grano, si no se producen lluvias en los próximos días. En cultivos con un sistema radicular pivotante o profundo, caso de la remolacha azucarera o girasol, esta falta de humedad en el suelo no se aprecia del mismo modo que en cultivos con raíces más superficiales, caso de los cereales.
El periodo desde la nascencia hasta el espigado puede haber sido excelente, con buenas temperaturas y humedad adecuada, pero falta el granado y el secado. Y es entonces cuando puede ocurrir el asurado, un fenómeno que deja las semillas a medio grano, produciendo pérdidas considerables de cosecha por el bajo peso específico.

El asurado característico de los cereales, también denominado golpe de calor, se provoca cuando coinciden vientos secos acompañados de temperaturas elevadas, el fenómeno acelera la transpiración de forma que las raíces son incapaces de suministrar el agua necesaria capaz de compensar la evapotranspiración. Los cereales en formación sufren una detención en su proceso de maduración que se refleja en un arrugamiento de grano (grano asurado) que se traduce en una merma y depreciación considerable de la cosecha. El grano que se está formando sufre entonces una detención en el proceso y se arruga.
El periodo crítico en los cereales de invierno es el que va desde la formación del grano hasta la madurez cérea. Según algunos autores a partir de 28ºC, con viento seco, se produce el asurado, incluso en regadío y en suelos con humedad suficiente, viniendo a demostrar que la falta de agua no es el causante principal sino la descompensación fisiológica.
Dependiendo del momento en el que se produzca el golpe de calor, así repercute éste sobre el cultivo:
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Si se produce desde la fecundación hasta unos días antes de finalizar la madurez lechosa, entonces puede que no se produzca ningún daño o que éste sea pequeño, ya que el grano en proceso de formación tiene sus tegumentos muy elásticos aún y presenta gran capacidad de recuperación ante nuevos aportes de savia, los efectos no son irreversibles y puede haber recuperación cuando cesan las condiciones desfavorables.
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Si se produce desde unos días antes del final de la madurez lechosa hasta el final de la madurez pastosa, se detiene la acumulación de sustancias de reserva en el grano y éste se arruga, con importante pérdida de peso (60% al principio, atenuándose al avanzar el proceso de maduración).
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Si se produce finalizada la madurez pastosa, entonces ha pasado el riesgo, pues la acción del golpe de calor apenas tiene efectos, puede provocar una aceleración en la madurez cérea y vítrea, pero con escasa repercusión en el rendimiento.
El período crítico en los cereales de invierno, según zonas de cultivo y variedades cultivadas, son 10 o 15 días; los que van desde el final de la madurez lechosa al final de la madurez pastosa, en el transcurso de la formación y maduración del grano.
En cuanto a la celebración de la jornada, también se trataron otros temas de interés general para la agricultura y ganadería de Castilla y León. Así en el arranque de la sesión, el presidente de Agroseguro, Ignacio Machetti, ha recordado que los efectos del cambio climático en la península Ibérica ofrecen un escenario complejo, “con más peligros que oportunidades”, y señaló, como muestra, los cada vez más frecuentes y severos pedriscos y DANA (“gotas frías”) –que además se producen en épocas del año desacostumbradas–, las intensas heladas o los prolongados períodos de sequía, y sus graves efectos en el campo. “Todos hemos de adaptarnos, pero muy especialmente las actividades más vulnerables, y el seguro debe trabajar en el diseño de nuevas estrategias para no dar pasos atrás en la protección al sector”, añadió.
- ?Agroseguro organiza una jornada sobre el cambio climático y su impacto en el seguro agrario combinado
- ?En la jornada participaron investigadores, profesores y geógrafos de diferentes universidades españolas

A continuación, el catedrático e investigador de la Universidad de Alcalá de Henares Antonio Ruiz de Elvira abrió el turno de ponencias con una advertencia sobre las pocas probabilidades de que se produzca “un frenazo al incremento de la temperatura global en un futuro próximo a pesar de todos los avisos”. Autor del Estudio climático de la modificación de las tendencias de fenómenos extremos. Proyecciones y sus efectos en el seguro agrario combinado, ha pronosticado que de aquí a 2030 se producirá un aumento de los fenómenos adversos “de alrededor del 10%” respecto a las dos últimas décadas.
Posteriormente, el investigador de la Universidad de Alicante Jorge Olcina ha presentado el estudio “DANAS en el levante español. Incidencia futura», realizado junto a Enrique Moltó. En él reflejan los efectos del cambio climático en el litoral mediterráneo, tales como cambios evidentes en la estacionalidad de las precipitaciones, con un descenso de las lluvias en primavera y un posible aumento durante el otoño y por ello en general las lluvias serán menos aprovechables y más dañinas para el campo al ocurrir en momentos muy puntuales. El estudio señala, además, que la posibilidad de sufrir lluvias torrenciales en cualquier momento del año es una realidad, y que “ha dejado de ser un fenómeno exclusivo del otoño”. Ante los riesgos a los que se enfrenta el arco mediterráneo, ha considerado necesario “apostar por la adaptación de los territorios y las sociedades, especialmente respecto a la ordenación del territorio, la gestión de emergencias y la educación para el riesgo”, destacando “la escala local”, como pieza esencial para reducir los efectos del cambio climático.
Margarita Ruiz Ramos, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid e investigadora del CEIGRAM, presentó el análisis “Estudio del riesgo de sequía para cereales de invierno en Castilla y León: análisis del riesgo. Tendencias y cambio climático». En él, constata un aumento de las temperaturas máximas en los meses de mayo y junio, y un problema principal en otoño, debido a un descenso de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas “resultando en una tendencia dominante hacia la aridificación suave de la zona”. Su trabajo de investigación señala que “en los años de sequía extrema, los rendimientos más bajos del cultivo siguen apareciendo por debajo del 10%, pero duplican su frecuencia”. Por ello, y aunque considera que los eventos de sequía se estiman “importantes pero manejables”, recomienda “una correcta elección de la fecha de siembra y duración de ciclo”.
La jornada concluyó con un coloquio que se enriqueció con numerosas intervenciones de los asistentes.




