
La Ruta de La Extremadura Soriana se configura con un legado impresionante de grandes acontecimientos históricos, que alumbraron un patrimonio monumental único y asombroso, junto a otro patrimonio inmaterial fascinante.
Todo ello en su conjunto hace que esta tierra ofrezca al viajero unos recursos que avalan su nominación como Patrimonio Cultural de Castilla y León, con un potencial de desarrollo muy importante.
Lo primero que hay que mencionar es la denominación de la Ruta. Extremadura procede de la expresión latina “Extrema Dorii”, que ha de traducirse como “extremos del Duero”.
La Extremadura soriana hace referencia, fundamentalmente, a la línea de frontera andalusí, que quedó establecida por estos pagos nada menos que durante 175 años, desde la fundación de San Esteban de Gormaz en 883, hasta la definitiva Reconquista de la región en el año 1060.
Si Las Navas de Tolosa fue el principio del fin de la presencia musulmana en España, la Extremadura soriana fue el “principio del principio”. Conquistada esta tierra en el año 1060, tan solo fueron necesarios 25 años para que los reinos cristianos conquistaran Toledo en 1085.
Estamos, pues, ante una de las gestas históricas más importantes de la llamada Reconquista, en una tierra injustamente olvidada, cuando no menospreciada, y que necesita levantar su voz como si del grito de un solo hombre se tratara.
Porque, además, en esta tierra se estableció la frontera territorial y comercial entre Castilla y Aragón, que dará lugar a un robustecimiento económico muy importante de ambos reinos en los siglos XIV y XV, previos a la unificación del territorio con los Reyes Católicos.
Por no hacer muy extenso el presente artículo (a fuer de ser inevitable), vamos a hacer un sucinto repaso de su patrimonio, tanto material como inmaterial.
Entre las grandes joyas de su Patrimonio material hay que destacar las dos ciudades que abanderan la Ruta: El Burgo de Osma y Almazán, calificada no hace mucho como la
ciudad medieval más desconocida de España.

Del Burgo de Osma destaca su magnífica Catedral, el viejo Hospital de San Agustín, el Seminario de Santo Domingo o la Universidad de Santa Catalina. Una ciudad hecha a
semejanza de otra ciudad renacentista: Alcalá de Henares.
Sus recursos naturales (El Cañón del Río Lobos, Ucero, la cueva de La Galiana…) y gastronómicos (las populares Jornadas de La Matanza) hacen de este enclave un destino
turístico muy reconocible ya en el panorama nacional.
No sucede así con Almazán, esa ciudad medieval desconocida en España, pero dotada de unos recursos turísticos de primer orden. Desde su famosa iglesia de San Miguel construida en el siglo XII, tras la repoblación de Alfonso I el Batallador en 1128, pasando por su espectacular recinto amurallado que nada tiene que envidiar a a las murallas de Ávila o Ciudad Rodrigo, y la presencia de los Reyes Católicos en el Palacio de los Hurtado de Mendoza, donde se est
ableció la Corte del Príncipe Juan.
Por el este, la Ruta hace una parada en Monteagudo de las Vicarías, con su precioso castillo-palacio levantado por los Hurtado de Mendoza, verdadero baluarte de frontera entre Castilla y Aragón desde el siglo XIV.
O la Plaza Mayor de Morón de Almazán, verdadera joya del plateresco de toda la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Un lugar para disfrutar de su silencio y su encantador Museo del Traje.
Y Berlanga de Duero con su Castillo y la Fachada del Palacio de los Tovar, su Colegiata de Ntra. Sra. del Mercado, su plaza Mayor y sus calles castellanas con edificios del siglo XIV y XV. Una visita obligada.
Y qué decir de San Baudelio de Berlanga, la construcción más especial y singular de todo el Arte Altomedieval Español. Un espacio que alguien sitúa a día de hoy como un mausoleo árabe dedicado a la memoria de los caídos en la batalla de Alhandega, que tuvo lugar en las proximidades. Una obra única en España y en Europa.

Qué decir también de Gormaz con su fortaleza califal, un grandioso castillo, que junto a la magnífica Red de Atalayas árabes configura el mayor entramado defensivo construido en Europa para defender la frontera andalusí, flanqueada por las colosales fortalezas árabes de Atienza y Medinaceli.
Pero es que, sin salir de Gormaz, nos topamos con la iglesia de San Miguel, y su precioso ábside decorado con pinturas del primer románico atribuido al obispo San Pedro de Osma en 1134, de la misma fábrica que el de San Baudelio de Berlanga, y similar también al de la espectacular Ermita de la Vera Cruz de Maderuelo, hoy conservado en el Museo del Prado. Parece ser que las tres obras son producto del mismo taller de artistas: al taller de Maderuelo.
Otro destino en la Ruta será la localidad de Caracena, con su castillo y la galería románica porticada de la iglesia de San Pedro, una de las más bellas de la Ribera del Duero.
Y San Esteban de Gormaz, la Puerta de Castilla, que reúne en su seno a la primera iglesia románica construida en Castilla: la iglesia de San Miguel datada en 1085. Preciosa construcción. Y la iglesia de Santa María del Rivero, el puente sobre el Duero y las antiquísimas bodegas en la falda del castillo, donde se guardaba el vino antes de que surgiera la denominación de origen de Ribera del Duero.
Y Langa de Duero con su excepcional torre del Homenaje de su viejo castillo, donde se exhibe la exposición de la Ruta de las Atalayas. Bodegas también de la Ribera. Y Castillejo de Robledo, el lugar donde se afirma que tuvo lugar la Afrenta de Corpes. Y Maderuelo al fin, otra localidad medieval de primer orden, con su famosa ermita de la Vera Cruz. Todo un lujo para los sentidos que fascinará al visitante.
Pero es que aún hay más, porque falta por mencionar el Patrimonio Inmaterial. Personajes ilustres de enorme relevancia en la Historia de España. Solo en Almazán, hay que hablar de la tres veces reina María de Molina, de D. Miguel Pérez de Almazán, o el malogrado Príncipe Juan de Castilla y Aragón y su corte de Almazán, el lugar pensado en el siglo XV para ser la capital de los dos reinos más importantes de España. Y, sin salir de Almazán, el Padre Diego Laínez, co-fundador de los jesuitas o Tirso de Molina, que falleció entre las paredes del convento de la orden mercedaria, donde está enterrado.
O Fray Tomás de Berlanga, el dominico mentor de Fray Bartolomé de las Casas, con su enorme talla humanística, obispo de Panamá y descubridor de las islas Galápagos, sin cuyo trabajo incansable, Charles Darwin no hubiera escrito su Teoría de la Evolución de las Espacies.
Y la figura grande y universal de Santo Domingo de Guzmán, prior de la Catedral de Osma, que, junto al obispo Acebes, partió rumbo a Alemania para concertar la boda de Fernando III el Santo con Beatriz de Suabia, el cual, a su vuelta pasó por Roma para conseguir la fundación de la Orden de Predicadores (dominicos). Y el Beato de Burgo de Osma, el más logrado códice miniado del siglo XI.
O el paraje natural de las Hoces del río Caracena, escenario de la “batalla” de Alhandega. Y Fresno de Caracena, donde D. Timoteo Riaño, el más importante especialista del Cantar de Mío Cid, sitúa a su autor, Per Abat, como párrafo de Fresno de Caracena cuando fue alumbrado el texto en 1207.
Y…. Son tantas las cosas que admirar, que si comenzamos la Ruta con la espectacular belleza del Parque Histórico del Monasterio de Piedra y le unimos gastronomía y los dulces típicos de la zona como las yemas de Almazán, los gamusinos del Burgo o los lagartos de Berlanga, encontrará el viajero muchas razones para visitar La Ruta de la Extremadura Soriana. Un viaje diferente.





