Pueblos más bonitos de España,según National Geographic: Castrillo de los Polvazares, cuna del cocido maragato, clasificado en el tercer lugar del ranquin

Con motivo de los próximos días festivos en los que se celebra la Semana Santa y de la entrada de la primavera, iremos ofreciendo a nuestros lectores reportajes sobre algunos rincones de Castilla y León por si quieren acercarse a disfrutar de su naturaleza, patrimonio histórico-artístico, arquitectura tradicional o de su gastronomía.

 

Esta semana nos vamos a fijar en otro de los 4 pueblos que la revista National Geographic incluye en su ranquin de los 10 pueblos más bonitos de España, publicado al inicio del presente año 2024, según los criterio de la ubicación, gastronomía y belleza, tras el reportaje de la semana pasada del pueblo de Ayllón, en la provincia de Segovia que lo clasifica en 2º lugar: Castrillo de los Polvozares, en la provincia de León, situado en 3er lugar. Quedan para las próximas semanas Calatañazor, en la provincia de Soria, clasificado en 8º lugar y, por último, el pueblo de Mogarraz, en la provincia de Salamanca clasificado en 10º lugar.

 

Descubramos algunos de los elementos característicos y especiales que National Geographic ha valorado, así como algunos otros elementos que puden resultar de interés para el lector, continuando nuestro viaje en el espacio y en el tiempo con la localidad maragata y leonesa de Castrillo de los Polvazares, referente gastronómico de la comarca leonesa de la Maragatería por su celebre cocido maragato.

 

Dentro de la provincia leonesa y cerca de Astorga, capital de La Maragatería, se encuentra este pueblo de piedra roja marcado por la arriería maragata. Castrillo de los Polvazares es uno de los pueblos más hermosos de la comarca leonesa de la Maragatería.
 

Castrillo de los Polvazares es uno de los pueblos más hermosos de la comarca leonesa de la Maragatería. Un pueblo de calles empedradas y casas blasonadas que fue declarado conjunto histórico artístico y que conserva íntegra su arquitectura popular. La piedra y arcilla roja de sus fachadas contrasta con los vivos colores de los portones y ventanas: azules, verdes y blancos. Tonos que descubren un pasado arriero a los turistas que atraviesan la calle Real, columna vertebral de la villa.

 

Está considerado como el ejemplo más bello de la arquitectura popular de toda la comarca de Maragatería. Una comarca muy relacionada con el gremio de los arrieros que vivieron en toda esta zona y cuyos recursos económicos residían en el transporte de mercancías desde el norte de España a la meseta y viceversa. Sus carros, tirados por animales, llevaron más de una vez el trigo y otros cereales a Galicia y a Cantabria, donde compraban el pescado para distribuirlo por Castilla.

 

Aunque en su día fue cabecera municipal, desde 1975 está integrado en el Ayuntamiento de Astorga.

 

El acceso al corazón del núcleo nos conduce a la calle Real por un empedrado del siglo XIX, conformada por una  magnífica arquitectura popular de la que se conservan casas de labriegos, de arrieros y caserones que se remontan a los siglos XVII y XVIII, motivo por el que el pueblo fue declarado Conjunto Histórico en 1980. Algunas casas blasonadas como la de los Salvadores, Luaces o Rodríguez dan fe de la prosapia de estas gentes y de su acaudalado peculio, conseguido mediante la arriería. A este oficio se dedicaron muchos de sus vecinos a partir del siglo XVI, primero con recuas de mulas y después con carromatos, alcanzando gran fama por su seriedad y honradez. Advertiremos también que aquéllas con portalones de arco de medio punto corresponden a la típica “casa arriera”.

 

En el extremo de la calle principal se puede contemplar un cobertizo con una serie de columnas, que forma parte de la bolera, otra singularidad por la particular manera en que se desarrolla el juego característico de la comarca: los “bolos maragatos”.

 

Sobre el caserío se eleva la espadaña de la iglesia, con cabecera cuadrada y un pórtico que ha cobijado el ritual de la interesante “boda maragata”, de amplio valor antropológico. En esta plazuela, se recuerda a Concha Espina, autora de la novela La esfinge maragata. El pueblo cuenta, además, con diferentes servicios turísticos, en algunos de los cuales se puede degustar el “cocido maragato”, así como talleres artesanales de forja y cerámica.

 

A los atractivos artísticos se suman los gastronómicos, pues Castrillo de los Polvazares es cuna del famoso cocido maragato. Un cocido que junto a las tradiciones populares y la conservación de los trajes típicos y la arquitectura popular han permitido que la villa parezca haberse parado en el tiempo ante los ojos del turista.

El Cocido Maragato

 

  • Su preparación: Ingredientes para 4 personas

– 300 gr. de morcillo de novilla
– Media gallina
– 300 gr. de lacón
– Una oreja
– Un pie y un trozo de morro de cerdo troceados
– Chorizo
– Costilla adobada de cerdo
– 150 gr. de tocino iberico
– 1/2 Kg. de garbanzos
– Medio repollo

– Relleno

– Dos dientes de ajo
– 100 gr. de fideos
– Aceite de oliva
– Sal
 

La preparación del Cocido Maragato se realiza en una olla, se introducen, con abundante agua hirviendo, las carnes y los embutidos, al cabo de unos 15 minutos se desespuma y se agregan los garbanzos envueltos en una gasa, se tapa y se deja cocer durante unas 4 horas a fuego suave.

En otra olla, se cuece el repollo troceado con las patatas, agregando el lacón cuando le falten 7 u 8 minutos, se escurren y se sofríen 2 ajos en laminas, cuando estén dorados se separa del fuego y se añade un poco de pimentón y se echa por encima.

Se sacan los garbanzos en una fuente y las carnes y embutidos en otra, con el caldo se hace una sopa añadiendo fideos y cociendo durante 10 minutos. Se deja reposar ya que tiene que quedar espesa.

Mientras tanto deberemos preparar rellenos a base de miga de pan, huevos, ajo, perejil, un poco de chorizo, lacón, morcillo de novilla desmenuzados y amasar todo junto. Luego hacer pelotas y freir en aceite bien caliente, en este caso el aceite de girasol es perfécto para los rellenos.

El por qué de comer el Cocido Maragato al revés

En la mesa, el auténtico Cocido Maragato se comienza sirviendo las carnes con los rellenos, una vez terminado se continua con los garbanzos, el repollo, y por último, la sopa con fideo fino.
 

La ingesta del Cocido Maragato en orden inverso al del resto de cocidos tradicionales, tiene múltiples teorías. Cuentan que durante la guerra, se alimentaba al soldado empezando por la proteína, en este caso la carne. Se realizaba de esta forma por si el enemigo realizaba un ataque por sorpresa, de esta manera el alimento ingerido en primer lugar era más contundente y suficiente para la contienda.

 

Posteriormente era de comer las legumbres, lo que proporcionaba al soldado el alimento necesario para continuar su deliciosa comida, y si con suerte se llegaba al final, el caldo de la sopa les hacía entrar en calor, obtener los hidratos de carbono de los fideos y el agua necesaria. Claro, que tras dicha contundente comida cualquiera está para guerras.

 

Una versión cuenta que los franceses acuartelados en Astorga durante la Guerra de la Independencia, esperaban la batalla contra los ejércitos combinados aliados, y los lugareños, con ganas de no perderse la batalla, comieron primero la carne, por ser más sabrosa, luego las verduras,.. y dejaban la sopa por si no les daba tiempo, para el final.

 

En otra versión, se dice que los soldados franceses saqueaban las casas arrieras, especialmente la comida que divisaban por el humo de la lumbre. Así que por si llegaban los franceses para robar, empezaban comiendo lo más sabroso y nutritivo, la carne; luego las verduras, y si llegaban los franceses, solo podrían robar la sopa.

 

Pero fuera de la leyenda, lo que cuentan los propios arrieros, bueno, sus descendientes, es que los arrieros llevaban su propia comida en fiambreras llenas de carne, que estaba fría pero conservada, y cuando llegaban a alguna posada, comían de aquí las carnes y luego, para entonar el cuerpo, pedían algo caliente, como una sopa con verduras. Y trajeron esta costumbre a su comarca, haciéndose popular así, el Cocido Maragato.

 

Sea cual sea la realidad, este cocido maragato es ya una tradición en este pueblo, y atrae como no muchos saben a viajeros de todas partes para disfrutar de él. Hay tantos restaurantes y mesones en Castrillo que no hemos podido probarlos todos, así que os vamos a hablar del último en el que estuvimos; en la Casa de Juan Andrés.

La arquitectura popular de Castrillo de los Polvazares

La comarca forma parte de la zona de transición situada entre la planicie del Páramo Leonés y los Montes de León, algo que desde antiguo favoreció su condición de paso de importantes caminos. Tanto Castrillo de los Polvazares como el núcleo urbano de Astorga se encuentran a una altitud de 870 metros de altitud, en un territorio de la cuenca del Duero que presenta un relieve con suaves pendientes entre la parte occidental, con sierras y valles de fondo plano y la amplia llanura del río Tuerto, afluente del Órbigo, en su parte oriental. También es importante el río Jerga, afluente del primero y que riega los huertos de Castrillo. Son ríos que se caracterizan por un caudal irregular, muy reducido en verano y con crecidas en otoño, invierno y parte de la primavera debido a las lluvias y a la fusión de las nieves. 
 
El clima de la Maragatería, considerado como una transición entre el oceánico y el mediterráneo, tiene inviernos fríos con frecuentes heladas y veranos secos y cálidos. Las lluvias se dan al final del otoño, durante el invierno y al comienzo de la primavera, con una precipitación media anual que supera los 400 l/m2. Dentro de sus características geológicas, destaca la abundancia de áridos naturales y arcillas, utilizadas para la elaboración de materiales cerámicos, además de piedras de cuarcitas, areniscas y pizarras, todas ellas muy aprovechadas en la construcción. Entre su flora predominan los rebollos, las encinas y los pinares de repoblación, además de chopos, álamos y sauces en las vegas de los ríos o matorrales de romero o jara en laderas de solana sin manto arbóreo, estando el resto del territorio dedicado a cultivos, predominantemente de secano. 
 
La Maragatería, antiguamente conocida como comarca de la Somoza, cuenta con numerosos restos arqueológicos desde la prehistoria. Varios petroglifos de más de cinco mil años de antigüedad o el reciente descubrimiento de un menhir la incluyen en el área de las culturas megalíticas peninsulares. También hay varios poblados de la Edad del Hierro. Quinientos años antes de la conquista romana, la zona estaba poblada por los amacos, una tribu de celtas astures asentada en varios castros y que rendía culto a un dios señor del monte Teleno, lugar al que consideraban sagrado. Los primeros contactos con romanos se dieron durante el siglo II a. C., intensificándose durante el siglo siguiente.
 
Tras las Guerras Cántabras (29 a.C -19 a.C) y el sometimiento por parte de los ejércitos romanos de los astures, todo el territorio de la actual Maragatería y comarcas próximas se reorganizó en torno a un importante campamento romano -Legio X Gemina- construido posiblemente sobre un antiguo asentamiento astur, que dio paso tras la pacificación de la zona a la ciudad de Asturica Augusta, la actual Astorga, de gran importancia gracias a ser punto de unión de distintas calzadas romanas del noroeste peninsular y a los yacimientos auríferos cercanos. De esta época quedan restos arqueológicos tanto de distintas minas de oro próximas al Teleno como de una villa romana cercana a la vecina Santa Colomba de Somoza que demuestra de la explotación agrícola organizada establecida en las vegas de los ríos en la zona. Los romanos asimilaron al dios indígena del Teleno con el dios Marte.
 
Asturica Augusta fue la capital del Conventus Asturicensis, una división judicial romana (conventus) de la provincia Tarraconense que administraba los actuales territorios de León y Asturias y parte de Zamora, Lugo, Orense y la portuguesa Tras os Montes, por lo que fue el principal núcleo receptor del oro que se extraía del importante yacimiento de Las Médulas. Su decadencia comenzó con el fin de esta explotación minera durante el reinado de Diocleciano, a finales del siglo III principios del IV.
 
Tras la caída del Imperio Romano, la zona se vio ocupada por los suevos, que la sometieron a frecuentes destrucciones y saqueos, repetidos durante los siglos V y VI por los visigodos cuando arrebataron el poder a los primeros. Durante esta época, la ciudad de León cobró el protagonismo perdido por Astorga. 
 
A principios del siglo VIII, con la invasión musulmana, tanto la comarca y como su capital sufrieron el ataque del ejército de Táriq, que dejó destruida gran parte de Astorga y núcleos aledaños con el consiguiente desplazamiento de un elevado número de sus habitantes a zonas más seguras del norte.
 
Tras el nacimiento del reino de Asturias y su avance hacia el sur, la zona fue reconquistada a mediados de ese mismo siglo, aunque permaneciendo un largo período de tiempo abandonada hasta que fue reconstruida y repoblada a partir del 850. De la importancia que volvió a tomar la comarca es muestra el hecho de que Astorga llegó a ser capital del incipiente Reino de León durante los primeros años de la década del 910. Desde el siglo XI, el Camino de Santiago facilitó el desarrollo tanto de Astorga como de su comarca.  
 
Con la recuperación del comercio a partir de la Baja Edad Media y siglos posteriores, la estratégica posición geográfica de la Maragatería favoreció notablemente el desarrollo de su economía mediante el comercio de diversos productos entre el interior de la península y Galicia por parte de arrieros que transportaban todo tipo de bienes, principalmente vinos, salazones de pescado y carbón desde las provincias gallegas y de la costa cantábrica hacia la meseta y embutidos y productos de secano en sentido contrario.
 
El transporte se realizaba con carros tirados por mulas. Los arrieros maragatos obtuvieron del rey Enrique II de Castilla, en 1367, la dispensa del pago de portazgo de sus mercancías, lo que hizo que otros muchos arrieros se establecieran en la comarca. Siglos después, se les encomendaría el transporte del oro proveniente de las Indias desde los puertos de entrada hasta la Corte por la seguridad y confianza que en ellos depositó la Corona. 
 

Los beneficios obtenidos por los arrieros maragatos con su comercio se incrementaron entre los siglos XVI y XIX. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril a Astorga, el comercio e influencia de los arrieros maragatos decayó notablemente hasta su desaparición. 
 
Los habitantes de Castrillo de los Polvazares eran, en su mayoría, arrieros maragatos. Sus casas se construían y organizaban en función de su actividad, con grandes portones para permitir el paso de carros y amplios patios interiores en torno a los que se organizaban las distintas dependencias de las viviendas, entre ellas almacenes, cuadras o bodegas. El pueblo se trasladó a su ubicación actual en el siglo XVI, reconstruyéndose tras unas riadas que asolaron su núcleo original situado en un emplazamiento más expuesto. Su época de mayor prosperidad fue el siglo XVIII, cuando en el pueblo se construyó un mayor número de casas y se empedró la calle principal para facilitar la circulación de los carros. 
 
La estructura urbana del pueblo consiste en una aglomeración de construcciones dispuestas irregularmente que adopta como elemento principal de crecimiento y organización la propia carretera, convertida en amplia calle. El otro elemento que forma el pueblo es la iglesia, en torno a la cual se disponen dos o tres calles paralelas a la principal que se comunican directamente con ésta o bien a través de calles transversales de menor tamaño. En el caso de Castrillo, la iglesia, dedicada a San Juan Bautista, de una nave amplia con crucero y volumetría sencilla, cuenta a sus pies con una gran espadaña con doble campanario. Se trata de una tipología repetida en distintas poblaciones de la comarca.
 
Antiguamente, la casa maragata era similar a la de comarcas limítrofes: casas circulares y aisladas con cubierta de paja de centeno. A partir del siglo XVII el programa de la casa se adapta a la actividad arriera, con patios a los que pueden acceder los carros para protegerlos y guardar sus mercancías. La casa se divide en dos plantas, quedando en la planta inferior la cocina y la sala principal, además de las dependencias auxiliares, mientras que en la planta superior se disponen los dormitorios a los que se accede por un corredor, a veces volado y otras apoyado sobre pies derechos, que abre al patio. Hacia la calle destaca el portón, de tamaño suficiente para permitir el paso de los carros hasta el patio a través de un gran zaguán cubierto. La puerta principal, correspondiente a dicho portón, se adintela con piedra o madera. En bastantes ocasiones, especialmente a partir del siglo XIX, el dintel se sustituye por un arco de medio punto realizado con dovelas de sillería.  
 
Los muros, de mampostería de piedra bien dispuesta, se realizan en espesores comprendidos entre los 50 y 80 cm. Las esquinas se refuerzan con piedras de mayor tamaño y mejor labradas, muy similares a sillares. Algunas se protegían del paso de los carros mediante una piedra sobresaliente que impedía el roce entre aquellos y la fachada. El aspecto exterior de las casas es de un característico color rojo, debido al propio color de la piedra empleada y a que su rejuntado se realiza con una mezcla de cal y arena arcillosa. Las casas contaban con pocos y pequeños huecos, tanto para proteger del clima exterior como por motivos de seguridad. Posteriormente, los huecos aumentaron en número y tamaño, recercándose con ladrillo bien cocido. En otras ocasiones se emplean también piedras de mayor tamaño y labra regular como jambas y dinteles en la formación de los huecos. El alero se suele realizar con losas voladas de pizarra, empleándose en ocasiones canecillos de piedra para su apoyo y junta. También se observan aleros de madera. 
 
Las cubiertas, a dos o a cuatro aguas, son de teja árabe que apoya sobre una estructura de madera. En otros pueblos se utiliza la losa de pizarra como elemento de cubrición. En el caso de las cubiertas a dos aguas, los hastiales se rematan con el vuelo de losas de pizarra o de la propia teja. En algunas ocasiones se observan hastiales escalonados, similares a los utilizados con las antiguas cubiertas de paja

 

A continuación vamos a reproducir un artículo de David Vázquez, ingeniero y viajero, que publicó en Destino Castilla y León el 20/09/2019

  • Turisteando por Castrillo de los Polvazares

Aunque no es la única forma de acceder a este pueblo leonés, lo habitual es hacerlo desde la entrada oeste. Justo antes de saltar el río Jerga y junto a la carretera de acceso, hay un parking donde dejar el coche.

No hay prohibición expresa de entrar con el coche, pero por el tipo de empedrado y dado que no estamos hablando de un pueblo muy grande, olvídate el coche, hay que recorrer el pueblo andando, casi como los incontables peregrinos que han pasado por aquí.

  • Un pueblo con Patrimonio Mundial de la Humanidad

Este pueblo llama la atención lo cuidado que está, con casas de piedras rojizas y tejas de cerámica, sus marcos blancos y ventanas pintadas de verde. Es bastante homogéneo en sus construcciones que conservan un estado magnífico de conservación.

 

Puede llamar la atención, y si no os lo decimos nosotros, que hay casa con grandes puertas realizadas con arcos de medio punto y otras casas con puertas de dintel recto y más pequeño. La explicación, parece ser, que las puertas grandes con arcos de medio punto estaban en las casas de arrieros ricos, ya que eran comerciantes carreteros propietarios de los carros que recorrían la península de uno al otro confín transportando mercancías que igual procedían del interior, como recién desembarcadas de un pueblo gallego; mientras que las otras puertas eran casas de arrieros más pobres, y que al no tener carro que guardar trabajaban como asalariados de otros.

 

Las casas, la mayoría son restaurantes o mesones, conservan en su interior su antigua fisonomía, con patios en los que se articulaba la vida familiar de los arrieros.

 

Un viajero que se fije, incluso encontrará casas con escudos de nobleza en las casas. Y es que aunque transportistas, durante los siglos de oro españoles, los arrieros obtuvieron gran poder y prestigio por suministrar gran cantidad de productos a todas partes, especialmente procedentes de Galicia.

  • Puntos interesantes a visitar

Este pueblo es lineal, se desarrolla a lo largo del Camino de Santiago por la calle Real, aunque también cuenta con otras calles por la que no se suelen detener los “peregrinos” modernos. Y no por falta de encantos o de lugares donde disfrutar de buena gastronomía, si no en la mayor parte de los casos, por desconocimiento.

  • Desde 1980 está declarado como Conjunto Histórico-Artístico de alto valor monumental y al ser una parte importante del Camino de Santiago, desde 2015 es, además, parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad

  • Iglesia de San Juan Bautista

Castrillo no es un pueblo grande, ni siquiera en otras épocas, por tanto tan solo cuenta con esta iglesia parroquial dedicada a San Juan Bautista. Es una iglesia rural típica del Camino de Santiago.

 

En su interior solo hay una nave con crucero; y a sus pies, mirando al este por supuesto, está una espadaña con doble campanario.

  • La antigua fuente

Un poco más abajo, se encuentra esta antigua fuente, hoy puede parecer un tanto anecdótico, pero la existencia de agua y fuentes fue esencial durante las peregrinaciones del Camino.

  • Parque Castrillo

Este pequeño parque o zona verde se encuentra a la entrada peatonal de peregrinos del Camino de Santiago. No deja de ser una zona arbolada junto al río.

La casa maragata y los buenos vinos de León

La casa maragata del siglo XVI se caracteriza porque, tras el portón de entrada, se llega a un patio. Durante nuestra visita nos hizo un día espléndido, por lo que además nos tomamos un aperitivo con un vino. Aunque la comarca de la maragatería no produce vinos, estamos en León, por lo que podréis disfrutar de la denominación de origen Tierra de León, con sus prieto picudo como emblema, o de la denominación de origen Bierzo, con la tinta mencía o la blanca godello. Difícil de decidir cuál nos gusta más.

 

Este patio hace de terraza. Varias puertas dan a este patio, son las diferentes estancias de la casa.

Información de interés sobre Castrillo de los Polvazares

¿Cómo llegar?

Castrillo de los Polvazares está en la comarca de Astorga, por lo que primero que deberéis hacer es llegar a Astorga, por la autopista A6. Luego buscar la desviación a Castrillo, la carretera LE142, y a unos 5 kilómetros llegaréis a Castrillo. Mejor dejad el coche y recorredlo a pie. Es un consejo.

¿Dónde comer?

Es difícil de decir un único sitio. Nosotros hemos probado varios y en todos hemos salido súper satisfechos. El Cocido maragato es el rey indiscutible de esta zona, pero no es lo único. 

¿Dónde alojarte?

Castrillo tiene muchos lugares donde alojarte, su principal actividad económica es el turismo. Es difícil decidir un único sitio, pero si nos apuráis, ya que nosotros no hemos estado alojados nunca en el propio Castrillo de los Polvazares

Un poco de historia

Sin intención de ser exhaustivos, os contamos por qué este pueblo está tan bonito, entre otras cosas. Empezamos hablándoos del nombre, sin duda habría que referirse a unos asentamientos castrenses próximos de época prerrománica. Este pueblo es muy homogéneo debido a que este no es el pueblo medieval original.

 

En el siglo XVI hubo unas inundaciones fuertes que anegaron la situación original, por lo que los arrieros, que durante esta época contaban con gran poder e influencia, ya que eran los mayores transportistas de bienes por la península. Así que consiguieron realizar el traslado a la actual situación. Por este motivo, todas las casas y construcciones datan de esta época. El poder de los maragatos decayó con la llegada en el siglo XIX del ferrocarril, que arruinó su forma de vida seminómada.

 

Por su buena conservación es un conjunto histórico artístico, desde 1980; y desde el 2015, Patrimonio Mundial de la Humanidad por ser una pieza singular e importante del Camino de Santiago Francés.

Presencia de las tropas napoleónicas

En 1810 esta zona fue escenario de batallas durante las guerras napoleónicas. Por esta razón, se vienen recreando desde hace unos años de unas jornadas napoleónicas entre Astorga y Castrillo de los Polvazares, en las que tropas de ambos ejércitos desfilan por estas poblaciones, para luego batirse.

 

La primera batalla la ganan los franceses capturando Castrillo, aunque durante la segunda, finalmente las tropas hispánicas terminan imponiéndose rescatando Castrillo y a sus habitantes y se trasladan a reconquistar Astorga.

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