
Borricos en Casas del Puerto. Ávila simpáticos y curiosos rucios
Llegamos hasta Casas del Puerto tras descrestar el alto de Villatoro en el medio de un esplendoroso paisaje de suaves cumbres nevadas. Allí mismo preparamos las bicicletas para comenzar nuestra excursión por el valle alto del Corneja.
Frente a la sencilla iglesia de Santiago encontramos una bonita y curiosa fuente de granito –como casi todo por aquí–. Su caño, aún de bronce, surtía agua fresca que vertía en un pequeño abrevadero donde un par de pececillos de color rojo vibrante nadaban haciendo garabatos.
Comenzamos el camino pero enseguida nos detuvimos a saludar a tres simpáticos borricos que se asomaron a su vallado para vernos pasar. Estaban pelinchando y parecían rastafaris de enormes orejas. Creo que entre foto y foto finalmente hicimos amistad.
A partir de aquí rodamos hacia Bonilla de la Sierra. El día nos lo prometieron frío pero no era para tanto y el suelo…, el suelo vaya… demasiado blando para nuestras bicicletas. Esto nos pasaría factura.

Bonilla de la Sierra: fuente del Concejo. Ávila Agua, musgo y piedra: la fuente del Concejo en Bonilla de la Sierra
Con las vistas impresionantes del amplio valle llegamos a Bonilla, un pueblo monumental; con mucha historia y algún título. Nosotros lo paseamos con calma; sorprendidos por su hermoso pozo, sus fuentes, su plaza y el agua espumosa y veloz de sus arroyos.
Reanudamos la marcha por el camino de Piedrahita, disfrutando de una hermosa dehesa con el telón de las sierras nevadas tras hermosas encinas. Hubo que hacer un alto para contemplar los dos altares vetones que en el camino estaban señalados; vestigios milenarios e inamovibles bien cuidados por el ganado.

San Miguel de Corneja: puente Chuy Puente medieval de Chuy sobre el rio Corneja
Enseguida llegamos a la vega del Corneja junto al estrecho y legendario puente de Chuy. Por el cruzamos un rio que cualquiera diría que acaba de nacer del caudal que llevaba. Junto al cauce seguimos hasta la cañada y por ella a Mesegar de Corneja y después a El Soto. El sol no sólo iluminaba el paisaje si no que nos mantenía entonados; en parte por su calorcillo y en parte por lo costoso de rodar entre los barros tan blandos.

San Miguel de Corneja: arroyo del Cuervo Por el arroyo del Cuervo (foto de Federico Sanz)
Desde El Soto seguimos hasta San Miguel de Corneja por un bello camino que en algún tramo era compartido por el arroyo del Cuervo y por el que hubo que navegar un trecho. Llegados a San Miguel las vistas del valle se mantenían majestuosas y el pueblo sosegado y vacío no desmerecía. Saludamos a su estilizado berraco y al curioso reloj de sol que encontramos en un muro y al que preguntamos la hora, pero que no acertó a contestarnos. Bueno, nosotros tampoco teníamos prisa.

San Miguel de Corneja: robles y arroyos Robles de baja horcadura y arroyo en las faldas de la sierra de Villafranca
Aunque arriba las nieves se fundían por momentos el paisaje entre las dehesas de encinas y robles centenarios era majestuoso. El camino firme nos permitió cruzar los pequeños arroyos del Chorrillo, del Tostín y del barranco de Navacavera que bajaban desbocados hacia el Corneja.
Y llegamos a Villafranca de la Sierra de… Villafranca, precisamente. Otra localidad monumental de granito amusgado. De fuentes y árboles. De soportales, puentes y su curiosa y antigua atalaya que devino en plaza de toros. Sobre todo ello se erige un viejo tejo que parece un rey en la localidad.

Villafranca de la Sierra. Ávila Villafranca de la Sierra: ermita de San Antonio de Padua
Nos acercamos hasta La Ribera. Tras pasar frente a la casa de Benjamín Palencia, cruzamos el rio y pudimos observar algún molino de los que tanto puede presumir el rio Corneja. Pero a estas horas el sol caía y había que encontrar el paso por el collado entre el Ruidero y el Cerro Merino.

Sierra de Villafranca. Ávila Prados en Villafranca de la Sierra
Subimos con paciencia tras pasar algún portalón que encontramos sin cerrar. Las ruedas seguían clavándose en un barro que –menos mal– no se pegaba. Y así, el ascenso fue lento y cansino bajo el descarado escrutinio de las vacas que nos miraban pasar mientras remugaban.

Casas del Puerto. Ávila La sierra parda al atardecer
Cuando llegamos al collado el sol se escondía y con el casi la luz. Cuando esto sucede en la sierra la temperatura cae con brusquedad y así nos toco hacer el último y fuerte descenso, que nos dejo a salvo pero helados, de nuevo en Casas del Puerto.

Ruta ciclista por el alto valle del Corneja
Datos técnicos
Nombre: Segmento: 1
Tipo: Bicicleta Montaña
Hora Inicio: 11:31 11 ene 2024
Hora Fin: 18:14 11 ene 2024
Distancia recorrida: 40,8km (06:42)
Tiempo en movimiento: 05:29
Velocidad media: 6,07 km/h
Vel. en Mov.: 7,42 km/h
Velocidad Máxima: 72,77 km/h
Altura Mínima: 497 m
Altura Máxima: 1276 m
Velocidad Ascenso: 1252,4 m/h
Velocidad Descenso: 1282,6 m/h
Ganancia Altitud: 2275 m
Pérdida Altitud: 2261 m
Tiempo Ascenso: 01:48
Tiempo Descenso: 01:45
Algunos datos sobre el Alto Valle del río Corneja y su entorno
Adentrarse en las tierras del Valle del Corneja es entrar en la ducal Piedrahita y en la episcopal Bonilla de la Sierra. Por tanto, ricos en patrimonio histórico – artístico y hermosos paisajes (pintados por Goya o Benjamin Palencia). Es una comarca situada al oeste de la provincia de Ávila y que recibe el nombre del río Corneja, que nace en la vertiente occidental de la Serrota.
A este valle, de hermosas praderas y bellos molinos (como el del Tio Alberto en Villafranca de la Sierra) también se puede acceder atravesándole Puerto de Pena negra de vistas indescriptibles, y famoso por la práctica del parapente.
De rica gastronomía, continuadora y similar a la del Valle del Tormes, en esta comarca de Ávila el ocio y las actividades ocupan un lugar importante en el Turismo Rural: además del citado parapente, rutas a caballo bici de montaña, quads y senderismo.
Piedrahita, cabecera de comarca, está unida a la historia del ducado de Alba y -sus armas aparecerán en casi todos los edificios monumentales de la población. Junto a una magnifica iglesia parroquial, queda el Palacio de los Duques de Alba, que en el siglo XVIII trazo Márquez (hoy escuela público a la vez que convivían lo mejor de la ilustración española con Goya, entre otros pintando estos valles). Alrededor de Piedrahita, obligado es acercarse hasta Villafranca de la Sierra. Navacepedilla. San Miguel de Serrezuela y ya camino de Ávila, a Bonilla de la Sierra.
Esta antigua villa fortificada con murallas, cuenta con un palacio episcopal, una hermosa plaza y en el centro de ella una colosal iglesia con potentes contrafuertes y unas atractivas casas populares y nobles.
Continuando nuestro camino hacia la Sierra de Ávila y ya en el Valle Ámbles, debemos detenernos en Villatoro, con una de las más hermosas iglesias abulenses, los restos de un castillo hoy transformado en posada, toros celtas en su plaza a la que debe el nombre y, camino de Vadillo, los restos del monasterio de agustinos de El Risco.
- De Ávila a Piedrahíta y El Barco de Ávila

Desde la ciudad de Ávila por la N-110 que recorre todo el Valle Amblés entre trigales y pueblos a ambos lados de la carretera, se llega hasta Muñana población famosa por sus embutidos que pueden comprarse en algunos de los mataderos del camino y del mismo pueblo.
Desde Muñana por una carretera serpenteante y atractiva que recorre la sierra se llega hasta la ermita de Nuestra Señora de las Fuentes, atractivo paraje, que guarda una deliciosa iglesia, con múltiples retablos barrocos, las citadas fuentes de su nombre, y una singular plaza de toros.
De vuelta a la N-110 dejaremos en lo alto y a la derecha al llegar a la altura de Amavida los restos del desamortizado convento de agustinos de El Risco, al que se acede desde la carretera que desde Villatoro va a Vadillo (el viajero debe preguntar antes el itinerario, que no hay indicador alguno).
En Villatoro quedan los restos del palacio de los Dávila, especialmente un cilíndrico torreón, algunas atractivas casas que frecuentemente han incorporado escudos y adornos del convento de El Risco, en la plaza algunas esculturas celtas justifican el nombre de la villa y una fenomenal iglesia, debida en parte al Juan Campero de Mosén Rubi, que guarda en su interior una bella crucería en su cabecera y una estructura de airosos formeros sobre esbeltísimas columnas, y es semejante a la que en la Moraña se alza en Collado de Contreras.
Tras pasar el puerto de Villatoro (fenomenal es la iglesia de Villanueva del Campillo, y fenomenal es la naturaleza que a derecha e izquierda se nos presenta), dos pequeñas poblaciones bien merecen una parada, a la izquierda Villafranca de la Sierra, y a la derecha, pasado el desvío de Villafranca, en el Km. —- Bonilla de la Sierra. Villafranca es tierra del señorío de los Dávila, con buena iglesia y una bella plaza con una fuente de porte señorial que bien merece una fotografía.
Camino de Navacepedilla de Corneja, a la izquierda, se encuentra el molino de Tío Alberto, que además de estar corriente y moliente y ser uno de los más singulares monumentos de Ávila, era amable y sabiamente enseñado por Alberto Muñoz el molinero jubilado que guardaba amorosamente molino y maquinaría.

El camino al puerto de Chía arriba nos llevaría hacia el Alberche y hacia Gredos, y es una tentación en la que el viajero deberá decidir cuando cae. De vuelta a la carretera es imprescindible desviarse hacia Bonilla de la Sierra, uno de los más sugerentes conjuntos monumentales de Castilla, la villa hoy casi deshabitada, tuvo un pasado esplendoroso del que como testigos quedan casas nobles, el recinto amurallado y una bellísima plaza con acogedores soportales, el semiderruido palacio episcopal en un extremo y en el centro la más galana iglesia que imaginarse pueda, con recios y agudos pináculos y fuerte torre. No entrar en ella seria pecado de los graves, su amplia nave con potentísimos arcos diafragmas es ejemplo único.
Tras volver a la carretera pronto nos encontraremos con Piedrahíta, la villa ducal de Alba que guarda casas, calles, murallas y monumentos de obligado recorrido. Se recomienda dejar el coche en la plaza, la más atractiva de esta zona de Ávila y desde allí callejear tranquilamente, recorrer alguna que otra tasca y entrar, cuando menos al templo y al palacio ducal, también -si tiempo hay- al convento de carmelitas.
La iglesia tiene atractiva arquitectura y en su costado septentrional pinturas y retablos de valor; en el sur de la villa el palacio ducal es pieza sorprendente en esta villa, en la segunda mitad del XVIII lo levantó el arquitecto francés Marquet, y eso explica el patio de honor y la estructura versallesca del edificio. En la zona posterior un jardín trato de regular la naturaleza y de él quedan una gran fuente con mascaron, el pozo de la nieve de perfectos sillares y el preciso puente de los lirios, con sus sillares cortados siguiendo el eje del palacio y el que marcaban las aguas.
Desde Piedrahíta los caminos pueden llevarnos hacia Salamanca pasando por Alba y con la posibilidad de acercarnos hasta El Mirón, Diego-Álvaro o San Miguel de Serrezuela, hacia Béjar, hacia Gredos otra vez por el puerto de Peña Negra (en su alto está una de las mejores zonas de lanzamiento de parapente de la península) que es fenomenal observatorio sobre el Valle de Corneja y sobre las cumbres de Gredos, o hacia El Barco de Ávila si seguimos la N-110. Hasta El Barco el camino es de unos 15 minutos, pero mejor es tardar más y detenerse a ver la increíble vegetación y pueblos tan singulares como Aldeanueva de Santa Cruz, que tiene por plaza un convento gótico, o la Horcajada señorial villa que fue y que tiene magníficas casas con epigrafías que proponen al viajero sabias máximas (COSCETE IPSUM = conócete a ti mismo), dos ermitas y una gran y bella iglesia, delante de la cual hay una deliciosa fuente.
Ya en El Barco de Ávila, es decir en Gredos, se le propone al viajero que antes de entrar en el pueblo se rodee el mismo pasando primero el puente Nuevo y entrando en la villa por el puente Viejo. Así habrá podido contemplar la villa en el paisaje de Gredos, habrá podido sentir la magnífica belleza de las aguas del Tormes y hacer una primera aproximación al patrimonio monumental barcense: murallas, castillo e iglesia, sin olvidar el puente medieval por el que habrá entrado en la villa, recio y noble como pocos. El castillo de Valdecorneja, que tiene el nombre de El señorío que fue de la Casa de Alba, y que comprendía las villas de El Barco, Piedrahita, El Mirón y la Horcajada, data de el siglo XV y tiene una fuerte torre del homenaje que es privilegiado observatorio sobre Gredos.
La iglesia parroquial es ejemplar de esa recia arquitectura característica de las tierras de Ávila, en la que debe destacarse el crecimiento de sus naves laterales hasta configurar una peculiar iglesia salón y un interior en el que destacan las rejas de su triple presbiterio, una hermosa virgen renaciente que está en la órbita de Felipe de Vigarni y un pequeño y sugerente museo. Pero lo
más atractivo de El Barco de Ávila no son ni el puente, ni el castillo, ni la iglesia, que no conviene que los árboles nos impidan ver el bosque, lo atractivo es el caserío todo de El Barco de Ávila, sus casas, calles y plazas, sus balcones, portadas y aleros, y unas perspectivas arquitectónicas en las que siempre, tras alguna vuelta, tras algún rodeo aparecen el Tormes y su rivera o la espléndida belleza de las recortadas cumbres de Gredos.
Desde el Barco son muchas las excursiones a realizar y de ellas creo que son reseñables la que camino de las tierras de Béjar nos lleva a recorrer detenidamente Becedas y su bellísima iglesia de colosales arcos diafragmas y bellísima torre y nos permite volver por Neila de San Miguel con su campanario coronando una inmensa roca y por Medinilla o la que siguiendo el camino de Extremadura nos llevaría a ver todo el Jerte desde el puerto de Tornavacas y a la vuelta nos conduciría a visitar pueblos tan atractivos como Santiago de Aravalle o Santiago de Ávila. Huelga decir que en el Barco de Ávila se deben degustar las judías que tanto honor han dado a su nombre y las carnes de avileño. Los restaurantes de la villa son agradable tentación en la que sería pecado no caer; si la prisa no es mucha, Navalguijo, cerca de El Barco y ya metido en Gredos ofrece la citada oferta gastronómica una atractiva excursión por sus pinares y a la vuelta puede admirarse el bello puente de Tormellas.
- Gastronomía Valle del Corneja
La gastronomía más tradicional del Valle del Corneja se compone principalmente de platos muy consistentes que permiten combatir el frio de la zona, bastante intenso en los meses invernales.
Entre los platos más típicos están las Judías, las patatas revolconas, el chuletón de ternera, el cochinillo, el cordero o el cabrito. Destacando de manera particular la tradicional caldereta, conocida por su uso en la cocina de los pueblos en esta parte de Ávila.





