

A principio del siglo XVII se andaba buscando la forma de que una persona pudiera mantenerse largo tiempo bajo el agua, sin ahogarse claro. Se habían realizado varios intentos con personas metidas dentro de una campana en Toledo y Lisboa, pero lo que se buscaba es que lo pudiera hacer una persona sola, es decir buscaban el primer buzo.
Era el reinado de Felipe III, y apareció un tal Jerónimo de Ayanz y Beaumont que aseguró haber inventado la forma de conseguir mantener a una persona bajo el agua con «plena» libertad de movimiento.
Este hombre había nacido en 1553 en Guenduláin (Navarra) y fue militar, pintor, cosmógrafo, músico e inventor. Inventó, entre otras cosas, un sistema de desagüe mediante sifones para el agua de las galerías de las minas, también inventó un antecesor del submarino, bombas de riego, empleó por primera vez la fuerza del vapor para mover el agua por una tubería, y por supuesto lo que nos ocupa, el primer traje de buzo. Al parecer, en el «Privilegio de Invención» (patentes de la época) firmado por Felipe III en 1606, se le reconocían 48 inventos.
Jerónimo presentó su traje de buzo al Rey y este le pidió, como no podía ser de otra forma, una demostración.
El día escogido fue el 2 de agosto de 1602, la ciudad Valladolid y el lugar el río Pisuerga, casi frente al Palacio de la Ribera de la Huerta del Rey.
Y allí se presentó el Rey, en su galera «San Felipe», y su Corte, junto a algunos vallisoletanos curiosos, para presenciar la prueba y comprobar por ello mismos si lo que había contado el navarro era verdad.
Y lo fue, el buzo se sumergió en las aguas del Pisuerga y allí estuvo más de una hora, y según él, más que podía haber estado.

El propio Jerónimo Ayanz lo relató así:
«Su Majestad quiso ver lo que parecía más dificultoso, que era poder un hombre trabajar debajo del agua espacio de tiempo. Así, por agosto del año pasado de 1602, fue con sus galeras por el río de esta ciudad al jardín de don Antonio de Toledo, donde hubo mucha gente. Eché un hombre debajo del agua, y al cabo de una hora le mandó salir Su Majestad y aunque respondió debajo del agua que no quería salir tan presto porque se hallaba bien, tornó Su Majestad a mandarle que saliese. El cual dijo que podía estar debajo del agua todo el tiempo que pudiera sufrir y sustentar la frialdad de ella y el hambre.»
Así que no se sabe si es que tenía hambre, si pensaba que el buzo ya estaba ahogado o es que ya se aburría de esperar, que fue el propio Rey el que le ordenó salir del agua de una vez, dando fin así a la primera inmersión documentada de un buzo durante tanto tiempo.
Según se indica en la página oficial de información del Ayuntamiento de Valladolid:
«Los documentos del Archivo General de Simancas nos permiten conocer todos los detalles del rompedor ingenio: sabemos que el primer equipo de buceo de la historia consistía en un traje de piel de vacuno con dos conductos que permitían la entrada y la expulsión de aire, una idea que ponía solución al deficiente sistema de las campanas que no permitían esta renovación y limitaban el tiempo del buzo sumergido. Los conductos partían de una rudimentaria escafandra y se conectaban a un fuelle que impulsaba el aire».
La prueba fue un éxito total y al navarro se le considera el precursor del buceo moderno.

Esta hazaña, casi olvidada, fue rescatada por la Asociación Amigos del Pisuerga, que ya en varias ocasiones ha recreado esta hazaña en las mismas condiciones y en el mismo lugar que en aquel agosto de 1602. También, para que no lo olvidemos, se pintó la historia en los ojos del puente del Poniente.
Una vez más, Valladolid hizo historia o la historia se hizo en Valladolid.
Fuentes consultadas:
Página oficial del Ayuntamiento de Valladolid
Hemeroteca de El Norte de Castilla
Wikipedia
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