Hablemos de Valladolid -60: «Lo que ya no está. El Valladolid desaparecido: Piscina Samoa»

MIGUEL ANGEL GUADILLA

Hoy recorremos Las Moreras, y cuando pasamos la playa encontramos una gran zona de arena dedicada a practicar deportes variados, pero hace unos años ,este lugar privilegiado junto al Pisuerga estaba ocupado por dos piscinas que aún muchos vallisoletanos recordamos y muchos echan de menos, ya que con su desaparición el centro de la ciudad quedó huérfano de piscinas.

La Piscina Samoa se inauguró el 29 de junio de 1935, y se inauguro nada más y nada menos que con unas cuantas pruebas de natación y un partido de waterpolo, deporte que hasta ese día se practicaba en el río Pisuerga, entre dos equipos del Canoe, uno con gorro blanco y el otro con gorro rojo, ganaron los del gorro blanco por 2-1.

Las instalaciones del recinto tenían una piscina infantil pequeña, pero suficiente para el chapoteo de los más peques, y la piscina grande, donde además de nadar se podía, para el que se atreviera, practicar el salto de trampolín, que no era muy alto pero una vez que habías subido las escaleras te parecía «altísimo».

También tenía bar y terraza, y por las tardes servía de lugar de entretenimiento para los jóvenes con los bailes que se organizaban en su interior, en la zona seca, claro, no en las piscinas.

Junto a la Samoa se encontraba también la Piscina Deportiva, inaugurada el mismo día y destinada a personas con menor poder adquisitivo, es decir más barata que la Samoa, y más barata todavía para los practicantes de natación. Entre ambas y nuestra querida playa,  durante mucho tiempo cubrieron las necesidades del baño veraniego de los vallisoletanos, pues no había más.

Como todos sabemos, cada vez que el Pisuerga se enfadaba y subía su caudal más de lo deseado, inundaba todas Las Moreras, incluidas las dos piscinas que sufrían muchos daños y suponía mucho dinero el volver a ponerlas en orden. Aún así, aguantaron más de cincuenta años, ya que fue en 1998, cuando dado su mal estado y la falta de ganas de invertir en ellas, se decidió derribarlas y en lugar montaron un arenal para prácticas deportivas.

Sinceramente, yo hubiera preferido que hubiera continuado siendo zona de piscinas en vez de un «mar» de arena.

Fuentes consultadas:

«Valladolid: Paseos por la ciudad»  de Joaquín Martín de Uña

El Norte de Castilla


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