Hablemos de Valladolid -72: «Calles, plazas y jardines. Plaza de San Miguel»

MIGUEL ANGEL GUADILLA

La primera muralla o muralla antigua, se construyó entre 1074 y 1100 según Antolínez de Burgos.

Es decir que en aquella época, la hoy Plaza de San Miguel era aproximadamente el centro geométrico de la ciudad y aquí se supone que estaría la mayor actividad de la ciudad.  Después se desplazó hacia la zona de la calle de la Platería y la hoy Plaza Mayor por ponerse allí el mercado.

Según Juan Agapito Revilla, en su libro «Las Calles de Valladolid», está asegurado documentalmente que en 1260, en la actual Plaza Mayor, ya se ponía el mercado, donde permanecería durante siglos teniendo el nombre de «Plaza del Mercado».

En el siglo XI, en el centro de la hoy Plaza de San Miguel estaba la Iglesia de San Pelayo, que en el siglo XII cambió su advocación para ser Iglesia de San Miguel. En aquel momento era la más importante de la villa, ya que solo había otra, la de San Julián. En ella se guardaba el Arca del Concejo y sus campanas marcaban el ritmo de la vida de la villa.


En 1478 se quemó la primitiva iglesia, siendo reedificada hacia 1497 en el mismo lugar. En el incendio se perdieron todos los documentos sobre la ciudad que en ella se guardaban.

Gracias a algunos documentos y dibujos, podemos saber cómo era aquella Iglesia de San Miguel.


De estilo tardo-gótico , estaba construida en piedra y con contrafuertes entre los que se abrían ventanas rasgadas con arcos ojivales y de medio punto. En el centro de la fachada, se abría una portada con arco de medio punto, protegida con un tejadillo y por un marco con bolas. La torre era sencilla, con la campana de la ciudad que avisaba de peligros o acontecimientos a la población. Al parecer la iglesia era de tres naves y tenía cuatro capillas laterales


En un lateral de la capilla mayor estuvo el Archivo Municipal de Valladolid, que se trasladó a la Casa Consistorial hacia 1600.

En ella hubo casas señoriales, como la de los Marqueses de Frómista, dada la proximidad al Palacio Real.


La iglesia continuó como parroquia hasta 1775, en la que pasó a la iglesia actual en la calle San Ignacio, al unirse con la parroquia de San Julián. El edificio fue demolido en 1777 por estar en ruina, quedando solo el nombre de Plaza de San Miguel.

La plaza se convirtió en zona de paso hacia la Plaza Mayor, contando con árboles y bancos, donde acudía la gente dada la proximidad al centro.

Con el tiempo los antiguos edificios fueron derribados para construir los actuales, se quitaron los bancos y quedó un pequeño jardín en el medio.

 

Uno de los edificios nuevos fue el Hotel Olid Meliá, el gran hotel de la ciudad durante mucho tiempo.

En el año 2009 se finalizó una profunda remodelación de la plaza, saliendo a la luz los restos de los cimientos de la antigua iglesia. Se pensó en mantenerlos al descubierto, pero al ser poco lo encontrado se abandonó la idea.

Desde los años 80 del siglo XX, la plaza y sus calles cercanas se convirtió en una de las zonas de copas más importante de la ciudad.

Ahora tiene bancos, pocos árboles, mucha baldosa y poco jardín. Es semi-peatonal, aunque lo cierto es que ni los coches ni los peatones saben muy bien por donde tienen que ir.

Fuentes consultadas:

«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano

«Valladolid Recuerdos y Grandezas»  de Casimiro G. García-Valladolid

Recuerdos propios


Este artículo se publica con la autorización de Valladolidweb, portal que mantiene Miguel Ángel Guadilla, desde septiembre de 2000, que cuenta con más de 18.000 seguidores en Facebook, buceando por internet o por otros documentos como libros y cualesquiera otras publicaciones, con el fin de dar a conocer lo que Valladolid ha sido y es, en la actualidad. Desde Revista de Castilla y León difundimos algunas de sus aportaciones para mayor y mejor conocimiento del sustrato social, cultural, económico y humano que soporta al Valladolid actual y agradecemos a Miguel Ángel Guadilla su generosidad por permitirnos disfrutar de sus logros, en esa tarea sorda de búsqueda de referencias tan ardua, a veces tediosa y, casi siempre, silenciosa e invisible.

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