
Este libro estudia el aprendizaje artesano, concebido aquí como uno de los principales medios de reproducción del conocimiento técnico que tuvo lugar en la Edad Moderna. A través de él un grupo social como el de los trabajadores manuales consiguió transmitir a las generaciones posteriores el saber adquirido en los talleres de forma secular. El espacio elegido para conocer quién, a quién y cómo se difundió este conocimiento es la Castilla del siglo XVI , un reino decisivo en la transmisión del saber, y un periodo igualmente vital para la consolidación de un modelo de aprendizaje que perduró en este espacio hasta bien entrado el siglo XIX, pues solo la expansión del capitalismo industrial pudo acabar con él.
A lo largo de la historia el saber se ha simbolizado mediante la imagen de un árbol, donde sus distintas partes, las del saber, se representan como ramas. Un árbol aparentemente caótico y en proceso de continua renovación en el que al final prima un orden jerárquico gracias a la superposición de unas partes sobre otras, como ocurrió en un determinado momento con las ramas del conocimiento técnico y las ramas de la ciencia, perdiendo vigor las primeras en favor de las segundas. Esta pérdida de vigor de las ramas técnicas frente a las científicas se produce en parte por la poda de un saber propio de la técnica: el trabajo artesano.
Y es precisamente el trabajo artesano, su aprendizaje más concretamente, el objeto de estudio de la monografía La rama olvidada del saber. El aprendizaje artesano en Castilla durante el siglo XVI, del profesor José Antolín Nieto Sánchez, perteneciente a la serie Historia Social de la Población y coeditada con la Universidad de Castilla La Mancha.
Un trabajo que nace de la necesidad de estudiar en un espacio y tiempo amplios la relación entre la normativa y la experiencia laboral en el ámbito artesano. Concibiendo el aprendizaje artesano como uno de los principales medios de reproducción del conocimiento técnico que tuvo lugar en Europa en la Edad Media y Moderna, el volumen escoge para su estudio la Castilla del siglo XVI; un reino decisivo en la transmisión del saber y un periodo vital para la consolidación de este modelo de aprendizaje que perduró en este espacio hasta bien entrado el siglo XIX.
En un tiempo en el que Castilla crecía económicamente el aprendizaje se reveló como un sistema de capacitación técnico-profesional, en tanto en cuanto las principales innovaciones que tuvieron lugar durante el siglo XVI eran anónimas y procedían de los talleres artesanos, convirtiendo a sus trabajadores en sujetos fundamentales en el campo de la producción y transmisión de la destreza, así como en la aportación a la innovación técnica.
El aprendizaje también supuso una solución para las familias más pobres y desamparadas, siendo muchas las que en Castilla enviaron a sus hijos a los talleres para liberarse de una boca más que alimentar en un momento, el siglo XVI, en el que formación y necesidad iban de la mano. El aprendizaje no era novedoso en las ciudades castellanas, pero sí lo era la generalización de su registro protocolario, lo cual conllevaba un aumento de la suscripción del número de contratos escritos entre maestros, tutores y aprendices.

Estos contratos suponen la base de este estudio, habiéndose recopilado más de cuatro mil cartas de aprendizaje suscritas en el siglo XVI en quince ciudades castellanas, y revelan la integración al sistema de instrucción menestral de aproximadamente tres mil nuevos aprendices cada año. Cifras comparables a las de otros lugares europeos y que caracterizan al siglo XVI por las altas tasas de reclutamiento, consolidando un modelo de aprendizaje, el artesano, ligado indiscutiblemente al crecimiento castellano de la época y solo relevado por la expansión del capitalismo industrial.
En cuanto a la vertiente social del aprendizaje, este estudio revela que hubo familias que decidieron desembolsar parte de su fortuna en permitir una instrucción técnica que facilitase a sus vástagos entrar en un oficio —agremiado o no—, pero en Castilla fueron muchas más las que mandaron a sus hijos a los talleres para liberar a la unidad doméstica de una boca que alimentar.
En el siglo XVI, formación y necesidad iban de la mano; y el crecimiento económico solo ayudó a sacar a la luz las desigualdades existentes a nivel social. En Castilla el aprendizaje artesano se extendía por multitud de ciudades. Las más de 4.000 cartas de aprendizaje que han sido recopiladas en esta investigación para 15 ciudades castellanas revelan que su sistema de instrucción menestral estaba integrando a no menos de tres mil nuevos aprendices al año. Estas cifras, comparables a las de otros espacios europeos, permiten afirmar que el siglo fue único en la Edad Moderna, caracterizado por altas tasas de reclutamiento de aprendices por parte de los maestros de la mayor parte de las ciudades castellanas.


Algunos datos sobre el autor
José Antolín Nieto Sánchez es profesor contratado doctor en el Departamento de Historia Moderna, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Coordina el grupo Taller de Historia Social.
En 1996 coeditó, con Victoria López, El trabajo en la encrucijada. Artesanos urbanos en la Europa de la Edad Moderna. Estudia desde hace treinta años la temática gremial española y ha publicado trabajos sobre la reproducción de los oficios artesanos, las migraciones menestrales, el conflicto laboral, los mercados de segunda mano y la transmisión del conocimiento técnico.
Forma parte de la Red Española de Historia del Trabajo. Durante 2017–2018 ha sido investigador principal de una Red de Trabajo Latinoamericano y Español y desde 2023, de un proyecto sobre Historia Social financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. En 2006 publicó el libro Artesanos y mercaderes. Una Historia Social y Económica de Madrid, 1450–1850, que fue merecedor del Premio Villa de Madrid en su edición de 2007.
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