Hablemos de Valladolid -92: «Calles, plazas y jardines: Plaza de Cantarranas»

MIGUEL ANGEL GUADILLA

Primero hemos de recordar que lo que hoy es la Plaza de Cantarranas era un paraje por el que pasaba la Esgueva que venía de la hoy Plaza de la Libertad y atravesaba bajo las casas de la calle Platerías para continuar por la hoy Plaza del Val su camino hacia San Benito y el Poniente para desembocar en el Pisuerga.

La hoy calle de Macías Picavea era la que se llamaba, al menos desde el siglo XV y hasta el último año del siglo XIX, «calle de Cantarranas», el resto de la zona se conocía como «de Cantarranillas», por su proximidad con esta.

Así lo cuenta Juan Agapito Revilla en su libro «Las Calles de Valladolid»:

«En conjunto se llamaba «Cantarranillas» al espacio de los accesorios de la hoy calle de Macías Picavea, Fuente Dorada y acera de los pares de la Platería, hacia el Esgueva, del lado de la plaza de Onésimo Redondo (hoy Plaza de la Libertad)».

Al parecer, algunas veces también se referían a la hoy plaza de Cantarranas como de la Virgencilla, seguramente, según Juan Agapito Revilla: «por tener alguna efigie de María, en algún nicho o cosa semejante, como la que existe aún en la avenida de Ramón y Cajal, frente al Hospital general, que, del mismo modo, llaman «la Virgencilla»».

En la plazuela hubo un puente sobre la Esgueva al que se le llamaba «Puente de los Gallegos», sencillamente por estar cerca la calle Gallegos. También debió de haber un corral llamado del Abad, pues así figura en los autos del Regimiento de 1499.

El 10 de abril de 1863 se puso el nombre oficial a la «calle de Ebanistería», y como su paralela la calle Gallegos ya tenía este nombre, se acordó llamar al resto del paraje «plazuela de Cantarranillas», que es la actual plaza de Cantarranas.

Según dice Juan Agapito Revilla, lo del nombre de la calle de Cantarranas como el de la plazuela de Cantarranillas … «estaba justificado por pasar por allí el Esgueva, que iba descubierto, en cuyo cauce las ranas y sapos darían sus acostumbrados conciertos».

Así que habrá que dar por bueno que el nombre viene de eso, por ser el lugar donde cantaban las ranas, aunque conociendo el recorrido antiguo de los ramales de la Esgueva por el centro de la ciudad, no creo que fuera el único lugar donde dieran sus «conciertos».

En 1908 se comienza el desvió de los ramales de la Esgueva para llevarlos por el cauce actual, liberando el centro de la ciudad del paso de sus aguas y dando lugar a nuevas calles y plazas, entre ellas esta de Cantarranas que ya era la única que llevaba este nombre, puesto que la calle de Cantarranas se había convertido en Macías Picavea por acuerdo del Ayuntamiento del 11 de junio de 1899.

A mediados del siglo XX la Plaza de Cantarranas se convirtió en el centro de referencia de la ciudad para cambiar y comprar cromos, tebeos, y cualquier otra cosa susceptible de ser coleccionada. Allí se acercaban los domingos niños y niñas, solos o acompañados de sus padres, para tratar de conseguir ese cromo maldito, el que nunca salía en los sobres que comprabas y que era el que faltaba para terminar la colección.

La plaza también fue el escenario durante muchos años, del juego de las chapas en Semana Santa, formándose grandes corros para jugar y para ver jugar.

En los años 80 y 90 Cantarranas, a pesar de su aspecto descuidado con edificios viejos y desconchados, se convirtió en «zona» y allí acudían jóvenes y menos jóvenes a tomar unas copas los fines de semana, en alguno de los muchos bares de la plaza y de la calle Macías Picavea.

Hoy en día la plaza es peatonal, y después de una aceptable restauración de los antiguos edificios que la forman, se ha convertido en un agradable rincón de la ciudad lleno de colorido, aunque eso sí, las ranas ya no cantan por allí.

Fuentes consultadas:

«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano


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