
MIGUEL ANGEL GUADILLA
Se trata de una de las plazas más antigua e importante de la ciudad, por estar cerca de lo que fueron sus principios y de los edificios más importantes de la época, como el palacio del Conde Ansúrez luego Hospital de Esgueva, la iglesia de La Antigua y la primitiva colegiata de Santa María.
Recordemos que por la construcción de esta colegiata en 1095, a la Iglesia que ya existía se la denominó «de Santa María La Antigua» y a la nueva «Santa María la Mayor».
Según dice Juan Agapito Revilla en su libro «Las Calles de Valladolid»:
«En la carta dotal de Santa María la Mayor, otorgada por los condes Don Pedro Ansúrez y Doña Eylo en el día de la consagración de la iglesia, 21 de Mayo de 1095, se lee que la donaban, entre otras muchas cosas, la mitad del mercado de Valladolid». Mercado que según Antolínez de Burgos en su «Historia de Valladolid» estaba «en la plaza que hoy es de Santa María».
Y allí se mantuvo el mercado hasta mediado del siglo XIII, que se trasladó a la antigua plaza del Mercado, hoy plaza Mayor.


Juan Agapito Revilla también indica en su libro, que según el pintor Pedro Sánchez Lago, conocido popularmente como «Perico, el Trápala», esta plaza:
«(…) en 1248, era una profunda hondonada, llena de peñascos, cubiertos de musgos, zarzales y enebros, desaparecidos, poco a poco, así que fue menguando una corriente de agua que brotaba cerca del sitio que ocupa hoy el altar mayor de la Catedral», por lo que a este lugar se le llamaba la «cuesta de las peñas», y que hacia 1480, la plaza fue allanada y se construyó una columna o rollo, por lo que empezó a llamarse la «Plaza del rollo».
El pintor indicó a Revilla, que sacó estos datos y fechas de unos papeles viejos de los muchos que guardaba, así que a ciencia cierta no se sabe si lo indicado fue así o no.
Lo que sí parece ser cierto y lógico, es que al construirse la colegiata de Santa María la Mayor la zona se pobló y se formó una plaza alrededor de ella, convirtiéndose quizás en el lugar más céntrico de la ciudad, teniendo lugar en ella actos tan importantes como las proclamaciones como reyes de Castilla, primero de Doña Berenguela y luego la de su hijo Fernando III «El Santo».

Al parecer, en esta plaza estuvieron las Casas Consistoriales de la ciudad hasta el siglo XV, cuando se trasladaron a la hoy Plaza Mayor y el viejo edificio de la plaza se utilizó como almacén.
Cuando fue «urbanizada» y con la formación de la actual plaza Mayor, a la que se trasladaron los actos más significativos, la de Santa María fue perdiendo importancia, aunque se siguieron celebrando actos, digamos más desagradables, como los públicos del tribunal de la Inquisición, pero también otros más alegres como las celebraciones de los doctorados con fiestas en las que corrían toros, ya que la primera Universidad, el llamado Estudio General, se estableció en la colegiata de Santa María la Mayor, y allí estuvo hasta que entre 1469 y 1472 se construyó el edificio gótico de la Universidad en la calle Librería.

En 1715 se comenzó a construir la ampliación de la Universidad y la fachada actual que preside la plaza, la cual se finalizó en 1718.

En abril de 1889 se coloca el monumento a Cervantes en el centro de la plaza, que había sido inaugurado en la plazuela del Rastro, donde se encuentra la Casa de Cervantes, el 29 de septiembre de 1877.
Desde entonces la plaza ha ido cambiando con nuevos edificios, el rescate de los restos de las antiguas colegiatas, distintas urbanizaciones, reestructuración de la entrada lateral de la catedral, etc, etc.
Desde el siglo XII fue la «plaza de Santa María» y fue a principios del siglo XX cuando el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre por «plaza de la Universidad», Juan Agapito Revilla, al que no le gustó nada el cambio de nombre, lo manifiesta así en su libro:
«(…) un catedrático, que ninguna relación tenía con Valladolid, pero que, desde luego, en nuestra ciudad no nació, verdadera ave de paso, aunque por achaques de la política fué concejal, a quien solo le sirvió nuestra Universidad de punto de etapa para de Barcelona marchar a Madrid, con tal investidura de regidor de la ciudad, propuso y llegó a obtener el lamentado cambio de nombre secular de la plaza».
Fuentes consultadas:
«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano 1982.
«Valladolid Recuerdos y Grandezas (1900 a 1902) de Casimiro G. García-Valladolid
«Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid» – Parte 1ª de Juan José Martín y Jesús Urrea – 1987
«Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid» – Parte 2ª de J.J. Martín y F.J. de la Plaza 1985
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