
MIGUEL ÁNGEL GUADILLA
Muchas veces habremos leído u oído que la hoy calle Cánovas del Castillo se llamó, al menos desde el siglo XVI, «calle de los Orates».
Para el que no lo recuerde un orate es una «persona que tiene trastornadas o perturbadas las facultades mentales».
Y quizás nos preguntamos de donde le vino ese nombre a la calle, pues bien, esta es la historia del Hospital de los Inocentes, que dio nombre a la calle hasta 1897 que se cambió al nombre actual en honor al literato, historiador y Jefe de Gobierno Antonio Cánovas del Castillo.
Por testamento de fecha 3 de febrero de 1489 del Doctor Sancho Velázquez de Cuéllar, o Doctor de Cuéllar como era conocido, que comprendía gran cantidad de dinero y bienes, se fundó el Hospital de los Inocentes, nombrando como patrono para su administración al Cabildo de la Iglesia Mayor, y dejando establecido que si las rentas aumentaran y hubiera sobrante después de mantener el hospital, el dinero se destinara a mantener a niños expósitos en las iglesias.

«En un principio y de ordinario se sustentaban en este hospital veinte personas faltas de juicio por enfermedad, «hombres y mujeres que padecen este achaque». Pero se acrecentó el número de los sustentados.», dice Juan Agapito y Revilla en su libro «Las Calles de Valladolid».
El hospital estaba situado en la actual calle Cánovas del Castillo en el número 31, en la casa que se conocía como «de Cachupín» por la familia que la había construido. Con distintas ampliaciones llegó a ocupar desde casi la esquina con la entonces «calle del León de la Catedral«, hoy solo Catedral, toda esta calle y daba la vuelta hasta la calle de los Tintes.

Los recursos del hospital y de la fundación se vieron incrementados notablemente hacia 1527, cuando se le adjudicaron todos los bienes de Alonso Enríquez de Arellano, prior de Valladolid y comunero no indultado por el rey Carlos I.
Después de la terrible inundación de 1636 se reconstruyó el edificio, ya que quedó muy dañado en las calles de los Tintes y Catedral. Al parecer, por esta época al hospital se le comenzó a llamar «Casa de los Orates».
En el verano de 1774 se finalizó una gran reforma y ampliación de la parte de la calle de los Tintes ocupando hasta la actual plaza de la Libertad.
El Cabildo de la Catedral administró el Hospital de los Inocentes hasta 1851, que pasó a la tutela de la Junta Provincial de Beneficencia.
El Hospital de los Inocentes permaneció en funcionamiento hasta que se hizo cargo la Diputación, que lo trasladó a la calle de Herradores (hoy Alonso Pesquera) con el nombre de Manicomio Provincial.





