‘Brizna, lámparas de fuego’, tercera edición de este encuentro poético en la localidad abulense de Villanueva del Aceral

 

JAVIER S. SÁNCHEZ.- El pasado sábado, 10 de agosto, tuvo lugar en Villanueva del Aceral la tercera edición del encuentro poético “Brizna” bajo el título “Lámparas de fuego”.

 

Atardece en Villanueva y se encienden las palabras en un intento de llegar a las entrañas, allí donde se forjan las caricias y los miedos, las dudas y las pasiones.

 

El escenario es un “locus amoenus”, un paraíso que invita al silencio, a la introspección, al diálogo sereno que, en palabras de fray Luis, nos allega a esa “descansada vida que huye del mundanal ruido”.

 

Durante semanas, Marisa Almeida y su familia se afanan en crear el mejor espacio para que la poesía fluya en un territorio natural que enardece los sentidos. La escena idílica, agua y vegetación, luz y penumbra, acoge a los poetas y les invita a desnudarse ante un público que se abandona para gozar de la música, de la palabra y del silencio.

 

En esta tercera edición, Brizna se presenta como “Lámparas de fuego”. La velada se armoniza en tres momentos, tres etapas para entender el significante y el significado de ese fuego. Un primer momento que nos habla de la luz que somos y la luz que anhelamos ser; un segundo que nos invita a reconocer la hoguera que arde dentro de nuestra alma en el alma del otro; y un tercero en que el fuego, su calor, es silencio, ternura, contemplación, llama que sana la herida: lámpara de fuego que mora y “habla siempre en eterno silencio y en silencio ha de ser oída del alma”.

 

Alicia Beneite, fiel a la esencia de Brizna, nos lleva por un guion exquisitamente tratado y que en la voz de Juan Carlos López aventura la presencia de los poetas, de su íntimo trascender por esta noche oscura nacida del más refulgente resplandor; la luz que ciega en el encuentro con el Amado, en palabras de Juan de la Cruz:

 

“rompe la tela de este dulce encuentro”

 

Y también de la propia Alicia:

 

“No puedo dudar de tu Amor…

porque amo y soy amada”.

Y Javier:

 

“No creo en la poesía que no duele,

que no arranca de cuajo las verdades…

Creo en ti,

en tus versos quebrados”.

 

Vuelve el místico fontivereño a hablar del encuentro en su “Llama de amor viva”:

 

“¡Oh lámparas de fuego,

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido,

que estaba oscuro y ciego,

con extraños primores

luz y calor dan junto a su querido”.

 

Es el preámbulo de este segundo acto, el instante que acoge a los poetas que llegan a Brizna desde distintos rincones con mensajes de aliento, de duda, de certeza, de amor.

 

Lucía Sesmero se interroga: “¿Qué pasa en el mundo del que nadie habla?.”

 

“Hay que guardar silencio

ante el hambre, ante la sed…

Hablemos alto, hay niños

que sufren…”

 

Y se recrea en versos limpios, esperanzadores y con guiños a Machado:

“Cuando vengas a verme

no olvides traer tu sonrisa,

esa sonrisa de los días

azules y serenos”.

 

De la mano de Silvia Schmidt, Jesús Berlanga, que es el único que no entiende su presencia en Brizna -“no tengo ningún apellido de los cinco linajes”-, nos invita a aceptar:

 

“.. que no sé nada del tiempo…

…que mi cuerpo sería inmortal,

que estamos hechos

de recuerdos y olvidos

… que todo es pasajero

… que vine al mundo

para hacer algo por él

… que todos mis bienes

me fueron confiados en préstamo

… que los animales que quiero

eran mortales

… que la vida continuaría sin mí.

Pero acepte lo que tenía que aceptar

y así dejé de sufrir”.

 

La poesía que hemos denominado rural, que nace y se queda en el pueblo, viene de la mano de Lorenzo San Pedro.

 

“Disfrutar la primavera

cuando la luz del sol

cada día va creciendo

y van saliendo las flores

en su bello apogeo…”

 

El maestro Pablo Jesús Berlanga acaricia el teclado con sus dedos y nos lleva de Bach a Queen, de Händel a Nicola Piovani, en una suerte de juego que aporta cromatismo a los versos, serenidad y ternura a todos los asistentes. Y nos regala imágenes de “La vida es bella” interpretando “Buongiorno principessa” o de Granada mediante “Recuerdos de la Alhambra” de Tárrega.

 

Roberto Cortés viene “Con la certeza de que lo que hacemos en esta vida tiene su eco en la eternidad”.

 

“Lo mejor de mí

está por llegar.

Para que una estrella brille

es necesaria la oscuridad”.

 

Máximo Martín Baz viene de la cuna del místico con “Palabras para Pablo y Alicia”, vinculándonos con el Brizna de “La palabra como Bálsamo” de la segunda edición.

 

“… fue tan solo un pensamiento

las cañas de Brasil

las margaritas blancas y aquel ciprés

apuntando a la noche

me avisaron

y el tiempo se detuvo en Villanueva

era verano”.

 

Iván Melguizo ha venido a Brizna con esa frescura de la juventud, con la pasión por el verso, el teatro, el cine. Ha puesto voz a sus dos abuelas.

 

“Ver cómo sobre Madrid el sol se alza y el horizonte se vuelve malva. Con el viento a mi espalda. Oír las risas, la brisa y los pájaros. Ser un mero espectador en un mar de vidas: en la lejanía, no sé si lo ves, dos enamorados fundidos en un beso, como en un cuadro de Hayez, el mundo se detiene en ellos”.

 

“Cuando yo me muera ponerme a Pavarotti”.

“… que solo quede tirar mis cenizas en el faro del mar Menor y cada uno a su casa”.

 

La llama sanadora emana en la noche cerrada de Villanueva del Aceral. El sonido abrumador del silencio del público está deseando romperse y pedir, como Lorca, “que se apaguen los faroles y se enciendan los grillos”.

 

Pero no. Brizna se extiende hasta bien pasada la noche, porque no queremos que acabe; deambulamos de círculo en círculo aprehendiendo vivencias, rescatando anécdotas, rastreando personas plenas de vida. Como el propio Lorca y también Neruda, hemos salido de los focos para ser, como dice nuestro amigo Fabio, agentes de la “Poesía Secreta”.

 

Nadie mejor que el maestro Adolfo Yáñez, asistente al evento, para describir lo que vivimos:

 

BRIZNA es magia, deleite, melodía, lirismo, estremecimiento, unión con el Todo, trascendencia, amistad, fusión de las estrellas con un maravilloso hogar de Villanueva del Aceral.

 

Algunos datos sobre Villanueva del Aceral

Villanueva del Aceral se encuentra a 843 metros de altitud sobre el nivel del mar. Engloba una superficie de 17 km2. y su perímetro es de 17,71 km. Pertenece a la comarca de Arévalo (La Moraña) y el centro de acción social que le corresponde es el CEAS de Arévalo.

 

Villanueva del Aceral es un lugar mudéjar. Está situado al norte de la provincia de Ávila, en la carretera CL-605, a medio camino entre Fontiveros, Arévalo y Madrigal de las Altas Torres. Dista 62 km de Ávila, 97 km de Valladolid y 140 km de Madrid.

 

Villanueva del Aceral está situado al norte de la provincia de Ávila entre Fontiveros, Arévalo y Madrigal de las Altas, en medio de campos abiertos sembrados de cereal.

De origen medieval, aparece citado por primera vez en 1250, formando parte del tercio de Rágama, en el arcedianato de Arévalo, uno de los territorios en que estaba organizada la diócesis de Ávila.

En el siglo XIX, tenía sesenta casas de tapial y ladrillo, casa de ayuntamiento, plaza y escuela de primeras letras. Aún se conservan algunas viviendas de estructura tradicional.

Desde lejos se divisa sobre el horizonte la torre mudéjar de su iglesia que nos invita a detenernos para contemplar mejor sus características y su monumentalidad.

En sus inmediaciones se encuentra el despoblado de Velacrespo.

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