
MIGUEL ÁNGEL GUADILLA
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que la diversión por excelencia era la radio, si, la radio, no había televisión, ni móviles, ni consolas, ni nada parecido. Pero entre los año 30 y 60 del siglo XX hubo algo que revolucionó las costumbres de nuestra ciudad y las de toda España, empezaron a montarse salas de cine en muchos puntos de Valladolid, lo que suponía que las clases menos pudientes podían disfrutar del séptimo arte.
Hoy nos quedan pocos cines en el centro de la ciudad y casi ninguno en los barrios, pero hubo una época, antes de los minicines y las multisalas, en que había cines por todos los lados de Valladolid, tanto en los barrios como en el centro.

Por decirlo de alguna forma, estaban divididos en dos categorías; cines de estreno y cines de reestreno con programación doble y/o sesión continua, en los que ponían normalmente una película de las que quitaban los de estreno y otra más antigua, y además eran más baratos.
Hasta 1967, año en que cerraron el Hispania en la calle Muro y el Pradera en la Plaza de Zorrilla, estaban en funcionamiento también como cines: Calderón, Lope de Vega, Carrión, Zorrilla, Roxy, Coca, Cervantes y Avenida en Paseo de Zorrilla 56, todos ellos con películas de estreno.
Y con programación doble y/o sesión continua:
Lafuente, 1933, luego Mantería-Renoir en el calle Mantería, 24
Goya , 1944, en calle Labradores, 13
Kostkas-Luises , 1941, en la calle Padre Arregui
Capitol , 1931, en calle Panaderos, 4
Alameda ,1961, en calle Portillo del Prado
Delicias, calle Carmelo, 5
La Rubia, Paseo de Zorrilla 192
Rex, Paseo de Zorrilla, 97
Babón calle Olmo 63
Castilla, Avda. de los Cerros
Cine – Teatro Valladolid en Avenida Ramón Pradera
Embajadores en 1967, en el número 80 de la calle del mismo nombre
Matallana en 1969, en la calle Gabriel y Galán 7

Como es lógico a los cines de estreno iban los que disponían de más dinero, mientras los más jóvenes y las familias trabajadoras con niños y pocos posibles, iban a los cines de reestreno que eran mucho más baratos o como mucho al gallinero del Lope de Vega y del Calderón, que no eran muy cómodos pero permitían ver películas de estreno a buen precio.
Los cines de estreno eran más «lujosos» y cómodos, mientras que la mayoría de los de reestreno eran más humildes incluso la mayoría con butacas de madera.
A estos había que añadir cines en colegios que proyectaban películas algo más antiguas pero gratis para los alumnos o a buen precio, como en el Colegio San José, La Inmaculada en la calle Torrecilla, o La Salle entre otros.

En 1973 se incorporó a los cines de estreno, con la pantalla más grande de la ciudad y las últimas tecnologías, el Cine Vistarama en la calle Portillo de Balboa. Años más tarde, llegaron los primero multisalas como los Mini Cine Groucho en calle Cadenas de San Gregorio, Casablanca en la calle Platerías y los Manhattan en calle Cervantes, todos en 1984, y los Broadway en 1997 en la entonces calle García Morato, hoy Paseo del Hospital Militar.
Pero luego, poco a poco, después de haber tenido en la ciudad casi 20 cines en activo, por razones económicas, por haberse quedado anticuados, por especulación del terreno, o vaya usted a saber la razón, empezaron a cerrar uno tras otro, desapareciendo los cines de reestreno y de barrio y los otros intentando reconvertirse.
A medida que fueron cerrando los antiguos cines comenzaron a abrir multisalas en las grandes superficies Vallsur, Equinocio, Abaco, Parquesol Plaza, etc.
Si unos cerraban otros, intentando sobrevivir, se convertían en multisalas como el Vistarama o el mismísimo Coca, pero con el tiempo también desaparecieron, casi todos han desaparecido, incluso los Abaco y los Parquesol Plaza. Solo nos quedan en el centro de la ciudad los Casablanca, los Manhattan y los Broadway, hay que dar las gracias a estos empresarios que siguen manteniendo sus negocios en el centro de Valladolid.
La desaparición de los cines ha traído la consiguiente perdida de público en las calles del centro, lo que también influye, para mal, en el comercio y en la hostelería, pero también al parecer, perdida año tras año de espectadores en las salas.
Quizás hemos ganado en tecnología y comodidad, pero hemos perdido en cercanía y parece que en afición por asistir a una buena película en la oscuridad de una sala de cine, a lo mejor por tener que ir en coche o autobús, o por el precio, no sé … A lo mejor nos teníamos que haber hecho mirar lo de matar los cines de la ciudad.
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