
MIGUEL ÁNGEL GUADILLA
¡plas! ¡plas! … ¡Serenooo!
¡Vaaaaaaa!
Los serenos, aquellos señores con capote o abrigo largo y gorra que paseaban la noche pendientes de lo que pudiera suceder, y sobre todo de que sonaran un par de palmadas, que era la señal de que sus servicios eran requeridos por algún vecino para que le abriera la puerta del portal.
Hoy a los más jóvenes les sonará como algo raro, ¿tenían que abrir el portal a la gente?, se preguntaran, pues si, así era.
La razón era muy sencilla, hoy todavía cuando recorremos las calles del centro de la ciudad encontramos grandes puertas de madera para acceder a los portales, pues bien, las llaves que abrían las cerraduras de estas puertas eran de todo, menos de bolsillo. De ahí que los serenos llevaran en su mano un aro de metal, del tamaño de un plato, más o menos, repleto de llaves de bastante gran tamaño, para abrir los portales de la zona que tenían asignada.

El cuerpo de Serenos Veladores Nocturnos comenzó a funcionar en Valladolid en 1835 y sus servicios, que eran pagados por los vecinos, comprendían además de abrir portales: encender las farolas de aceite que iluminaban las calles, antes de la llegada de la electricidad claro, dar la hora y el parte meteorológico de vez en cuando y de viva voz, vigilar las calles, y entregar un parte diario de incidencias en los distritos de las plazas de la Universidad, Constitución y San Miguel.
En 1841 el Ayuntamiento reglamentó este servicio publicando el «Reglamento para los Serenos Veladores Nocturnos de la ciudad de Valladolid» y nombrando tres cabos, 18 serenos y cuatro suplentes, con un sueldo diario de 8 reales para los cabos y 6 a los serenos más las propinas que recibían, salario que salía de la recaudación que el Ayuntamiento hacia de forma voluntaria entre los vecinos, aportando el Ayuntamiento el importe que faltara para cubrir los importes. Así funcionó hasta 1843 que se hizo cargo totalmente del servicio el Ayuntamiento.
Para presentarse a una plaza de Sereno había que tener entre 24 y 50 años, una buena forma física y buena conducta, teniendo prohibido llevar perro, beber y quedarse dormidos bajo sanción de multa y hasta expulsión por reincidencia. Además, como indica José Miguel Ortega en su libro «Valladolid Cotidiano 1939-1959»: «no podían vivir extramuros de la ciudad ni poseer tienda, taberna, cantina o puesto alguno sujeto a los bandos de Policía».
El horario de trabajo comenzaba del 1 de septiembre hasta el 30 de abril a las siete y media de la tarde, y del 1 de mayo hasta el 31 de agosto comenzaban la ronda a la ocho y media de la tarde.
En 1855 se modificó el Reglamento y se aumentó el número de serenos a 30, más uno pagado por la Empresa del Canal, que daba servicio a esa zona.
El Ayuntamiento les proporcionaba el uniforme, compuesto de capote y gorra, y los utensilios que debían de llevar, como un farol, vara para encender las lámparas de aceite, y un pito o silbato para avisar en caso de necesidad o para llamar la atención a alguien. Como otra de sus funciones era evitar robos, disputas o cualquier otra actividad delictiva, dependía del Ayuntamiento si iban armados con pistola o carabina.
Esta normativa estuvo vigente hasta la II República, cuando en 1934 se aprobó el «Reglamento del Servicio de Serenos de Comercio y Suplentes», cuyas principales novedades eran: que los Serenos serían nombrados por el alcalde a propuesta de los industriales, comerciantes y vecinos; eran considerados agentes de la autoridad durante sus horas de trabajo, teniendo prohibido «cometer delitos, desobedecer a sus superiores, embriagarse, maltratar de palabra y obra a las personas, entrar en tabernas o casas de mala fama a no ser en acto de servicio»; y debían «abrir las puertas de las casas no solo a los vecinos, sino también a los agentes de la autoridad en cumplimiento de su deber, a los médicos, a los dependientes de Telégrafos y al sacerdote que lleve los Santos Sacramentos».
También se actualizó el uniforme y los utensilios a llevar: abrigo en vez de capote, gorra de plato con un número que les identificaba, linterna eléctrica, pito y chuzo para defenderse.

Pasaron los años y los Serenos, en 1953 había 32, continuaban con su labor, eran conocidos por todos los vecinos de su zona y más de una parlada echaban con él, por lo que estaban al tanto de todo lo que ocurría en el barrio.
Pero las viviendas nuevas ya no tenían aquellas enormes llaves, la policía era la encargada de vigilar las calles, las farolas eran eléctricas, y aunque seguían existiendo en los años 60, todavía algunos recordaran que se les daba el aguinaldo en Navidad a cambio de una tarjeta de felicitación, poco a poco fue bajando el número de empleados, hasta desaparecer totalmente el Cuerpo de Serenos a principio de los años 70.
Fuentes consultadas:
Manual Histórico y Descriptivo de Valladolid – Hijos de Rodríguez Editores 1861
Valladolid Cotidiano. José Miguel Ortega Bariego
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