
MIGUEL ANGEL GUADILLA
Quizás la más típica de Valladolid, situada en el centro de la ciudad, está formada por un gran espacio diáfano que va desde la calle Echegaray y La Antigua, su estupendo telón de fondo, hasta la calle Catedral y la Plaza de la Libertad.

En el plano de Ventura Seco de 1738 podemos ver como era el lugar en ese momento, con la Esgueva recorriendo lo que hoy sería el centro de la plaza y con dos puentes, uno en la hoy calle Echegaray (entonces Baños) y el otro en las Carnicerías, junto a la actual calle de los Tintes. Pero tenemos que recordar que el espacio ocupado en el plano y ahora por la Catedral, que se comenzó a construir en 1589, forzosamente tendría antes un aspecto muy diferente al que aparece en el plano.
Según dice Juan Agapito Revilla en su libro «Las Calles de Valladolid»:
«Del lado de la Catedral brotaba un manantial caudaloso, que venía a estar cabe la actual capilla de San Juan Evangelista, por el exterior, es claro, al cual titularon los «caños de la Catedral» y también «de Portugalete», manantial que servía a un lavadero y que engrosaba el raquítico caudal del Esgueva. Ese lavadero era muy anterior a la obra nueva de la Catedral y dio nombre a una calle que llamaban «de la Lavandería», palabra antigua a la que ha substituido la de «lavadero». … Muchas referencias hay de la «calle de la Lavandería», en la que tenía casas la Iglesia de Santa María la Mayor, probablemente adosadas a terrenos de la iglesia antigua».
Este lavadero existió al menos hasta 1788, ya que todavía se hablaba de él cuando hubo inundaciones en ese año, y quizás sea el reflejado en el plano junto al puente de la calle de los Tintes.

Después de la construcción de la Catedral, el siguiente gran cambio que modificó la fisonomía de esta plaza fue en el siglo XIX cuando se cubrió, o soterró (que se lleva más), el ramal de la Esgueva, quedando, ahora sí, una hermosa explanada.
El 10 de abril de 1863 dio el nombre oficial a esta explanada de «Plazuela de Portugalete». Lo del nombre es más complicado, ya Juan Agapito Revilla se rindió al no sabernos decir de donde podía venir ese nombre, si bien, sí nos cuenta que la primera vez que aparece con este nombre es en un plano de 1788. Al parecer, anteriormente se le llamaba «Plazuela de la Velería».
Luego, dicen, se rumorea, se comenta que … el archivero bilbaíno Basas atribuía el nombre de esta plaza a que los productos que en ella se vendían, procedían de la villa vizcaína de Portugalete. Ahí lo dejo por si acaso ….

En esta explanada se colocó un mercado con casetas y una «plazoleta» en el centro, todo de madera, que se mantuvo hasta la inauguración en 1881 del Mercado de Portugalete, construido en hierro y ladrillo y que ocupaba prácticamente toda la plaza.

Y esta fue la fisonomía de la plaza hasta que se derribó la hilera de casas que había junto al mercado y se construyeron esos de edificios de demasiadas alturas para mi gusto, y para rematar, poco después se decidió derribar el viejo Mercado por razones de higiene y seguridad, o a lo mejor es que solo estorbaba.

A pesar que desde muchos sectores de la población se solicitó la rehabilitación y conservación del edificio, para reconvertirlo a un uso social y cultural, comenzó su derribo el 18 de marzo de 1974, finalizando su demolición en mayo.
De nuevo la plaza se convirtió en un explanada, ahora con tráfico, un poquito de jardín, y de nuevo volvieron los puestos de ventas en los mercadillos que se montaban una vez a la semana. La juventud tomó la plaza como centro de reunión y asueto en la sidrería y otros bares, que había en las viejas casas pegadas a la antigua colegiata, …

Pasó el tiempo, para disgusto de muchos, se derribaron las viejas casas quedando al descubierto lo que queda de la antigua colegiata, se hizo un aparcamiento subterráneo, en 2007 se finalizó la urbanización de la plaza con nuevas zonas ajardinadas y bancos, se convirtió en zona peatonal dejando diáfana la vista de toda la plaza, desde la plaza de la Libertad hasta ese bonito telón de fondo que es La Antigua.

Hoy es un lugar agradable donde pasear, sentarse en alguna de las terrazas o en alguno de los bancos y contemplar nuestro antiguo patrimonio histórico, menos el viejo Mercado claro, que aún sigue vivo en el recuerdo de muchos vallisoletanos.
Fuentes consultadas:
«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano
«Valladolid Recuerdos y Grandezas» de Casimiro G. García-Valladolid
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