Hablemos de Valladolid -87: «Calles, plazas y jardines: Plaza de Colón»

MIGUEL ANGEL GUADILLA

Antes de que quedara configurada la Plaza de Colón como la conocemos en la actualidad, debemos recordar primero que no existía la Estación del Norte, y que donde hoy se encuentra la Acera de Recoletos y el Paseo de Filipinos, había una serie de conventos que ocupaban con sus terrenos lo que hoy con las calles Gamazo y Muro.

Para que nos podamos situar correctamente, en el plano de Ventura Seco de 1738 vemos la Iglesia de San Juan de Letrán que hoy conocemos, a su lado el Convento de la Laura que desapareció a final de los años 70, al lado de este el Convento de los Capuchinos, y cerrando la esquina, ya en la hoy Acera de Recoletos, el Convento del Corpus cuyos terrenos se vendieron en 1883.

En 1856 todo el espacio de convento de los Capuchinos y su huerta fue dado en alquiler a la nueva empresa de Ferrocarriles del Norte, para la construcción de la Estación del Norte, que se inauguró en 1857. En 1860, los edificios fueron declarados en ruina y se procedió a su demolición.

Con la desaparición del Convento de los Capuchinos y el del Corpus, se formó una gran explanada entre la nueva Estación y lo que hoy es el Paseo Central del Campo Grande, inaugurado en enero  de 1879, y que hasta entonces era un paseo arbolado.

A finales del siglo XIX se había convocado un concurso para la construcción de un monumento a Colón para la Plaza Central de la Habana, que se adjudicó al sevillano Antonio Susillo.

Pero llegó la guerra con Estados Unidos, que finalizó con el tratado de París del 10 de diciembre de 1898 por el que España concedía la independencia a Cuba Esto dio como resultado que el monumento de Colón, que su autor había finalizado en 1891, no fuera a La Habana, y por acuerdo del Consejo de Ministros del 26 de febrero de 1901, fuera destinado a Valladolid.

Después de mil y una circunstancia, finalmente se acordó colocar el monumento en la gran explanada que se había formado al final del paseo del Campo Grande, con la confluencia del Paseo de Filipinos, la Acera de Recoletos y la estación de ferrocarril.

La primera piedra se colocó a finales de 1903, en presencia de las autoridades y del joven rey Alfonso XIII.

Finalmente, el monumento a Cristóbal Colón, obra del sevillano Antonio Susillo, fue inaugurado el 14 de septiembre de 1905.

Como es lógico, popularmente se empezó a conocer este lugar como la plaza de Colón, pero oficialmente, se la denominó “Plaza de Semprún”, en honor a José Semprún, hombre acaudalado e influyente que favoreció la apertura de varias calles de la zona como Gamazo o Muro, algunas con terrenos cedidos por él mismo.

Como somos muy de cambiar nombre, el 23 de abril de 1931, el Ayuntamiento acordó su cambio al de “Plaza de Pablo Iglesias”, en honor al primer diputado socialista en el Congreso.

Y como no hay dos sin tres, el 12 de agosto de 1936, la Comisión Gestora Municipal acordó ponerla el nombre, ya de forma oficial, de “Plaza de Colón”.

La fisonomía de la plaza ha ido cambiando con los años, muchas veces en función del propio monumento, le ponían un jardín, lo cambiaban por otro, con valla, sin valla, con banco, sin bancos, bueno esas cosas que pasan.

Pero también el cambio se fue produciendo por la construcción de negocios en la misma plaza o a su lado, y su posterior desaparición.

A la plaza de Colón se asomaba la Fábrica de Gas que había al principio de la Calle Estación, y que desapreció en el último cuarto del siglo XX.

En parte de los terrenos que hoy ocupa el Hospital Campo Grande, inaugurado en febrero de 2001, estuvieron los conocidos Carbones Isla.

Pegada al Convento de la Laura, hasta su demolición, estuvo la Gasolinera Colón, que todavía recordaran muchos vallisoletanos.

Cuando se construyó el bloque viviendas de la manzana Calle Estación, Recondo y continuación de Acera de Recoletos, se formó un jardín donde el 23 de marzo de 2015 se inauguró un colorido reloj floral, al que de vez en cuando le roban las manecillas.

En una parte del espacio que ocupa este jardín estuvo durante muchos años el Economato de Renfe, lugar donde podían acudir a comprar los empleados, los ferroviarios, se supone que a un precio más competitivo, aunque al final, después de cambiar de ubicación, acabó desapareciendo por la competencia de los supermercados.

Hoy la plaza sigue siendo un lugar espacioso y muy visitado por el Monumento a Colón y por ser el comienzo, o el final, del Campo Grande.

Fuentes consultadas:

«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano 1982.

«Valladolid Recuerdos y Grandezas de Casimiro G. García-Valladolid


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