Hablemos de Valladolid -88: «Lo que ya no está. El Valladolid desaparecido: Teatro – Cine Hispania»

MIGUEL ANGEL GUADILLA

En la esquina de la Calle Muro con la actual General Ruiz, ocupando toda esta última calle hasta Dos de Mayo, se inauguró el 7 de septiembre de 1894 el recordado y desaparecido Frontón Fiesta Alegre.

El frontón tenía tres pisos de altura, capacidad para 2.716 espectadores, y una cancha de juego de 24 metros de alta con una cubierta formada por 7.000 cristales, toda una joya diseñada por Santiago Rodríguez Herrero. Además tenía café, oficinas, vestuarios, enfermería, botiquín y servicios con agua.

Pero no duró demasiado, ya que, en 1910 se reconvirtió en el Circo-Escuela Taurino.

Tampoco duró mucho, ya que en julio de 1913 fue adquirido por la Sociedad Protectora del Obrero, que lo cedió para su uso a la Asociación Católica de Escuelas y Círculos Obreros, que instaló allí la sede de la Casa Social Católica de Valladolid.

Se encarga la reforma total del enorme edificio al arquitecto Jerónimo Arroyo, con el fin de crear las dependencias para los usos de la asociación, incluyendo un gran Teatro-Cine.

Una vez terminada la reforma el edificio, que conservó las tres alturas y tenía la entrada principal en la Calle Muro, albergaba salones para reuniones y otros usos, alojamientos para socios y sindicalistas, barbería, panadería, billares, servicios con agua corriente, y un gran teatro.

El Teatro-Cine Hispania constaba de cinco alturas con capacidad para 2.000 espectadores entre el patio de butacas, los palcos y el paraíso, llamado así por ser la parte más alta de la sala y también la de localidades más baratas.

Se inauguró el 21 de noviembre de 1915 con la actuación del Orfeón Vasco y una sesión de cinematógrafo, con uno de los episodios de «Los Misterios de Nueva York» (The Exploits of Elaine).

En diciembre de 1935 se inauguró el sistema sonoro con la película «El abuelo de la Criatura», película de 1932 dirigida por George Marshall y Ray McCarey, protagonizada por Stan Laurel y Oliver Hardy.

El 29 de febrero de 1940 cerró sus puertas después de proyectar las películas: «Madre alegría» de 1935 con Ana de Leyva y Raquel Rodrigo en la sesión de tarde; «Rumbo al Cairo» de 1940, dirigida por Benito Perojo y protagonizada por Miguel Ligero, en la media tarde;  y «Hilda del plata» por la noche.

Durante unos cuantos años permaneció cerrado y sin uso, hasta que en 1945 se quedó con él el Frente de Juventudes, pasando a llamarse así, Teatro del Frente de Juventudes.

Dejaron de utilizarse los pisos superiores y su capacidad se redujo a 156 butacas de patio, 88 de anfiteatro, algunos palcos con 40 localidades y una platea con 12 butacas.

Reabrió sus puertas para la inauguración el 13 de abril de 1950.

Aunque en principio era para el disfrute de los afiliados de la OJE, también podían acudir a las proyecciones el resto de los mortales, y dado que los precios eran muy asequibles, tuvo mucha popularidad en la ciudad en los años 50 y 60 hasta que cerró definitivamente sus puertas y el edificio fue derribado en octubre de 1967.

En sus lugar se construyó el moderno y alto edificio que hoy conocemos.

Si quieres recordar el resto de cines que hubo en Valladolid y que ya no están, lo puedes hacer en mi artículo: «Desaparecieron los cines».

Fuentes consultadas:

«Valladolid Recuerdos y Grandezas de Casimiro G. García-Valladolid

Valladolid de Cine y Teatro de Miguel Angel Soria

«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano

Artículo «Recuerdos en una butaca» de Alfonso J Población del 04-12-2019 en «Palabras Menores»


Este artículo se publica con la autorización de Valladolidweb, portal que mantiene Miguel Ángel Guadilla, desde septiembre de 2000, que cuenta con más de 19.000 seguidores en Facebook, buceando por internet o por otros documentos como libros y cualesquiera otras publicaciones, con el fin de dar a conocer lo que Valladolid ha sido y es, en la actualidad. Desde Revista de Castilla y León difundimos algunas de sus aportaciones para mayor y mejor conocimiento del sustrato social, cultural, económico y humano que soporta al Valladolid actual y agradecemos a Miguel Ángel Guadilla su generosidad por permitirnos disfrutar de sus logros, en esa tarea sorda de búsqueda de referencias tan ardua, a veces tediosa y, casi siempre, silenciosa e invisible.

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