‘La piel cantaba’ poemario de la vallisoletana Elisa Martín Ortega, editado por Menoscuarto ediciones

Clara, ensimismada y armoniosa, la voz lírica suena bellamente desolada en este libro. La piel surge en este libro como origen del lenguaje y cual límite y barrera. Marca los contornos del cuerpo, del decir, de la boca; muestra y a la vez esconde su canción. La palabra poética es nocturna, permanece agazapada, explora el dolor y ahonda en lo inefable; está íntimamente ligada al lenguaje oral y a los órganos que lo generan. Es capaz de producir una suerte de encantamiento. Juega con las manos y las voces, las recoge, les otorga un lugar y después las pierde. Su belleza es un fracaso.

 

El poemario aparece así dividido en dos secciones, “Nocturno” y “Encantamiento”, acompañadas de un inicio y una coda que exploran y configuran los límites del lenguaje: los poemas no escritos, aquellos extraviados, las palabras que no llegan a su destino, la piel que frena y a la vez protege, que es temblor y cobijo.

 

La presencia constante del cuerpo, como fuente de la canción y el pensamiento, enraíza a las palabras y no esconde el esfuerzo, el dolor y el encanto que supone su venida, su alumbramiento. Las imágenes vegetales, que se entrelazan a menudo con las somáticas, conectan a la voz con el mundo, con su contorno y su silencio. Al final, la voz es una fibra, un tejido, una cuerda que se acerca a lo olvidado, que acaricia lo indecible.

 

 

 

La piel cantaba

Elisa Martín Ortega
Menoscuarto Ediciones. Palencia, 2024
Colección Cálamo Poesía, 36
80 páginas 

PVP: 13,90 €

 

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Me da miedo escribir.
 
Que se me caiga al suelo
la mano del secreto;
que busque, mi manita,
un dedal plateado
para coger
el lápiz sin dolor.
 
Yo la miro en silencio.
La miro
como quien descubre una herida nueva:
la sangre
que traza un río
hasta su origen.
 
Mi mano por el suelo
toca, se afana
sin que mi corazón
se estremezca, sin que mis pulmones se vacíen.
Me devuelve la forma exacta
de las cosas; deseo,
por una vez,
que me acaricie.
 
 
NOCTURNO
 
I
Amanece temprano.
Exploro la penumbra
y me escondo de este rayo de luz
que interrumpe mi sueño.
 
Porque es mi sueño
lo único que deseo cuidar.
Y volverme minúscula,
no pesar nada,
que mi cuerpo no se hunda en la almohada,
y que su levedad
no deje marca en el colchón.
 
Me aterra
la cama grande,
y me imagino
estar durmiendo
en una cáscara de nuez;
guardar mis hermosos vestidos
en una cáscara de nuez.

Algunos datos sobre la autora

Elisa Martín Ortega (Valladolid, 1980) ha publicado 3 libros de poesía: Ensueño (2009), Alumbramiento (2016, en esta misma colección) y Corazón huido (2022), y los ensayos El lugar de la palabra. Ensayo sobre Cábala y poesía contemporánea (2013) y La belleza en la infancia (2022).

 

Ha traducido El Cantar de los Cantares (2013).

 

En su faceta investigadora, se ha dedicado a los estudios sefardíes y judíos, a la poesía contemporánea y a la literatura infantil.

 

 

 

 

 
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