
Hasta tres epidemias entre 1860 y 1870, de tifus, virus y cólera, castigaron a la escasa población de Ochate, en el condado de Treviño (Burgos). Pero como apenas tuvieron incidencia en las zonas cercanas, se ganó la fama de pueblo maldito.
A pesar de tener más de mil años de historia, el lugar terminó por ser abandonado a mediados del siglo XX. No hay forma de llegar en coche, solo se pueden ver las ruinas si se camina un buen tramo por un camino de tierra, hasta que se divisa la torre de San Miguel, que está en un aceptable estado de conservación.
Desde los años 80 del siglo XX pasado, muchos apasionados por lo paranormal suelen llegar hasta este sitio abandonado, atraído por las leyendas que van desde desapariciones hasta el avistamiento de ovnis. Para dar un toque más tenebroso, cerca hay un cementerio medieval, donde se pueden ver tumbas antropomorfas.
En definitiva, este pueblo burgalés es el mejor destino para quien le guste pasar miedo. Famoso por las epidemias, los fenómenos paranormales y las psicofonías, le han hecho merecedor de un lugar propio entre los pueblos malditos de España. Hay historias de miedo, cuentos aterradores y luego está la leyenda de Ochate.
Este pueblo burgalés, habitado por una naturaleza salvaje, abandonado entre verdes montañas, a unos 33 kilómetros de Miranda de Ebro, está estigmatizado por su ‘maldición’ motivada por los siniestros acontecimientos históricos acaecidos entre sus calles y dentro de sus casas. Una historia atrapada entre la realidad y la ficción. Mitad mito, mitad leyenda. Lo cierto es que venir a este rincón del Condado de Treviño es una decisión para atrevidos, con ganas de pasar una experiencia inquietante.
La historia: De la riqueza a la maldición y el olvido

Hoy las historias sobre Ochate hablan de fenómenos paranormales, bolas de fuego cruzando el cielo estrellado, psicofonías, voces de niños en las sombras y fantasmas que te susurran al oído, pero el conocido como ‘pueblo maldito’ de Burgos tiene un pasado que merece la pena descubrir antes de venir a comprobarlo.
Sin saber por qué, Ochate parece que ya fue conocido en el siglo XII como Diablos de Ochate.
Situado estratégicamente en mitad de la antigua Ruta del Vino y del Pescado que unía la Rioja Alavesa con el Mar Cantábrico, allá por el año 1522, por Ochate pasaban los arrieros vascos transportando pescado en salazón hacia el interior y regresaban con las mulas cargadas de trigo, sal y vino.

Lejos de ser maldito, era parada obligatoria de una de las grandes rutas comerciales del norte de la península Ibérica. Con los negocios que se hicieron, se levantó el casco urbano del pueblo y se construyó la iglesia de San Miguel, en el siglo XVI.
La apertura del Camino Real Nuevo de Vitoria a Laguardia, a principios del siglo XIX, fue el principio del fin para Ochate y el comienzo de todas las leyendas que circulan en torno a él.
Los comerciantes dejaron de pasar por el pueblo con sus arrieros y los habitantes de Ochate se vieron obligados a abandonar sus casas, buscando oportunidades en otros lugares. El último en irse lo hizo en 1936. El comienzo de la Guerra Civil terminó de sentenciar cualquier posibilidad de regreso.
La población de Ochate desapareció víctima de tres epidemias en el siglo XIX: viruela (1860), tifus (1864) y cólera (1870). Tres enfermedades que diezmaron a los habitantes de Ochate, pero que ni se sintieron en las poblaciones cercanas. La enfermedad se cebó con Ochate.

Ochate fue escenario de numerosas sesiones de espiritismo, rituales de magia negra y ceremonias en las que se invocaba a los espíritus de vecinos del ‘pueblo maldito’ cuyas terribles historias habían saltado a la prensa, sobre todo, dos de ellas: La de Antonio Villegas, el párroco del pueblo desaparecido de camino a la ermita, si bien, en realidad según las cartas y documentos existentes lo que ocurrió es que se fue a Brasil porque no le daban otro destino en el arzobispado de Burgos. O la historia de Jacinto Ramírez, un pastor que, en 1936, habría asesinado a un vecino durante una disputa.
Las historias de pastores son presuntamente inventadas porque nunca hay un testigo para certificarlas, como sucede con las apariciones de las vírgenes o los encuentros milagrosos de imagenes de vírgenes enterradas tras la llegada de los moros a la península ibérica en el siglo VIII d. C.
La torre de la antigua iglesia de San Miguel, las piedras que resisten en pie de dos casas aledañas y, en lo alto, los restos de la ermita de Burgondo son los últimos vestigios que quedan hoy de Ochate y que pueden visitarse sin ningún peligro normal o paranormal.
El tiempo ha caído sobre este pueblo de Burgos como una losa y es una muestra de lo que vendrá si no se aplican soluciones urgentes a los pequeños pueblos de Castilla y León, como ya hemos tenido ocasión de indicar en otros momentos.






