Valpuesta, cuando el latín se «corrompió» en castellano

 

Valpuesta es la cuna del castellano por excelencia. Este rincón de la provincia de Burgos solo tiene una veintena de habitantes en la actualidad. Se ubica en la comarca de Las Merindades a 35 kilómetros de Miranda de Ebro y a 100 de la capital. 

 

Este lugar es un hito lingüístico excepcional dado que fue el sitio donde se encontraron los primeros vestigios de la lengua española más importante, el castellano, que se remontan al siglo IX. Así lo demuestran los documentos monásticos mezclados en latín y castellano y que son conocidos como Cartularios de Valpuesta. No debe hablarse de español ni de lengua española para referirse al castellano, porque en España es el castellano el idioma oficial frente a otras lenguas españolas, también, como el catalán, el euskera y el gallego que son cooficiales junto al castellano en las comunidades autónomas de Catalunya, Euskal Herria y Galiza.

 

Existe una tendencia periodística, mediática y casi cultural de llamar español al castellano, es como llamar británico al inglés.

 

Estos cartularios son una serie de documentos del siglo XII que, a su vez, son copias de otros documentos, algunos de los cuales se remontan al siglo IX, y que constituirían el primer testimonio escrito del que se tiene noticia de un dialecto romance hispánico que luego devino en el castellano.

 

Se ha desvelado la intervención en los escritos de 34 «manos» diferentes, que copiaron documentos de los archivos de la corona, de los obispados, de los monasterios, que tratan de donaciones, juicios, ventas, cambios, y otros tipos de contratos. Los escribas, acostumbrados a utilizar una nueva lengua, dejaron deslizar sus costumbres lingüísticas en unos documentos que pretendían escribir en latín.

 

  • El Estatuto de Autonomía de Castilla y León menciona a los Cartularios de Valpuesta en su preámbulo como uno de los primeros testimonios escritos en lengua castellana
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  • A Valpuesta en Burgos, al igual que a San Millán de la Cogolla en La Rioja, se atribuyen ser las cunas del castellano

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  • Los cartularios son textos que recogen información sobre donaciones y pagos de distintos servicios funerarios efectuados por particulares al Monasterio de Valpuesta. Los más antiguos datan de los años 804, 844, 864 y 875

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  • Existe una tendencia desde hace muchos años, quizás ya en el siglo XX pasado, véase al insigne linguista Ramón Menéndez Pidal, p. ej., de denominar «español» al «castellano», sin que las autoridades legitimadas y encargados de preservar y conservar el castellano digan nada

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  • ¿Se imaginan llamar  «britanico» al «inglés»?

 

Se trata de dos cartularios (gótico y galicano) que contienen los mismos textos, pero el galicano latiniza algunas expresiones castellanas del gótico:

  • El más antiguo recibe el nombre de gótico por estar escrito en gran parte en letra visigótica.
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  • El otro, más moderno, recibe el nombre de galicano por estar escrito en letra galicana, también llamada carolina. Es una copia del gótico escrita el año 1236 por Rodrigo Pérez de Valdivielso, canónigo de Valpuesta.

Los Cartularios de Valpuesta están custodiados en el Archivo Histórico Nacional, si bien la autenticidad de algunos de ellos es discutida. En 2010, fueron señalados por expertos de la Real Academia Española como los más antiguos que se habían encontrado. En palabras de José Antonio Pascual, este trabajo «entronca con el gran esfuerzo hecho desde la Ilustración por recuperar e interpretar nuestro pasado lingüístico. En esta tarea tenemos que recurrir a los pocos que sabían escribir en aquel tiempo, los monjes de los monasterios, que van recogiendo la lengua de la calle porque, en su origen, nuestra lengua, como todas, es hablada. Nace en todas partes, no en un lugar concreto, y los testimonios escritos son solo el reflejo tardío de esa nueva lengua derivada del latín».

 

Los Becerros de Valpuesta son uno de los repertorios más antiguos de la documentación castellana

Con 8 documentos datados en el siglo IX, 39 en el X, 49 en el XI, 90 en el XII y 1 en el XIII, los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta suponen una edición histórica que acredita que, junto a los textos registrados en latín, aparecen fenómenos fonéticos, morfosintácticas y léxicosemánticos propios de un romance que luego llamaríamos castellano.
 
La transcripción y los estudios paleográfico y documental que se recogen en el estudio Los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta, editado por la Real Academia Española y el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, demuestra que en Valpuesta (Burgos), en el siglo X, a principios del XI, a mediados o al finalizar el siglo XI, los escribas que anotaban una donación o una compraventa en latín acreditan involuntariamente fenómenos fonéticos, morfosintácticos y léxico-semánticos propios de un romance que luego llamaríamos castellano.
 
El trabajo que sale a la luz, fruto de un método novedoso en el estudio de los documentos creado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, ofrece todas las garantías científicas necesarias en cuanto a la edición de esos primerizos documentos cuyo aspecto latino no es capaz de encubrir el romance que aflora en ellos. La lengua de los becerros de Valpuesta es una lengua latina asaltada por una lengua viva, el castellano.
 
Este estudio transmite la idea de la importancia que para Castilla y León tiene el castellano. El equipo investigador lo compusieron José María Ruiz Asencio, como director, Irene Ruiz Albi y Mauricio Herrero Jiménez.
 
Los conocidos Becerros de Valpuesta -Becerro Gótico y Becerro Galicano- no indican que la cuna del castellano sea Valpuesta, lo mismo que ninguna otra documentación prueba que el romance haya nacido en éste o en aquel otro lugar. Pero de los testimonios y características lingüísticas que presentan y de las fechas tan tempranas (siglos X, XI) en que fueron escritos parte de los diplomas de este Becerro Gótico se concluye de manera indubitable que la documentación valpostana resulta de capital importancia para conocer la etapa de orígenes del castellano.

Orígenes del castellano y Becerros de Valpuesta

Ramón Menéndez Pidal estableció en «Orígenes del español. Estado lingüístico de la Península Ibérica hasta el siglo XI» un primer periodo para el estudio de nuestra lengua: los siglos X y XI. Reproducía o citaba documentos tan ilustres y venerados como las Glosas Emilianenses y las Glosas Silenses junto a otros hasta ahora menos tomados en consideración por muchos filólogos.
 
Allí se encuentra la llamada Nodicia de kesos, de la que Menéndez Pidal admite una datación de hacia 980, y también allí se hacía eco de la existencia de unos documentos antiguos en Valpuesta, en la primitiva Castilla la Vieja, con presencia en ellos de un tal Belasius, obispo probable de Valpuesta, partido de Villarcayo.
 
A partir del panorama heredado sobre el romance surgido y desarrollado en las tierras de Castilla y León, el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua asumió, desde su puesta en funcionamiento en 2003, el estudio e investigación del origen del castellano, dedicando inicialmente particular atención a las pizarras visigóticas, soporte del latín hablado-escrito en tierras castellano y leonesas en los siglos VI y VII, la Nodicia de kesos del Monasterio de los santos Justo y Pastor de Rozuela (León), colecciones documentales como las de Sahagún o Cardeña y los Becerros de Valpuesta.
 
La documentación de Valpuesta – donaciones, ventas, permutas, testamentos…- está redactada en latín, pero ese latín de los siglos X y XI estaba tan alejado de la rectitud, presentaba un estado tan evolucionado o corrompido, que deja entrever aspectos y modos propios de otra forma de hablar. La morfología había cambiado sustancialmente, el orden de palabras en la oración se revela diferente y las desviaciones respecto a la norma sintáctica latina daban testimonio de una nueva lengua.
 
Los estudiosos -historiadores y lingüistas-, y el lector interesado tienen a su disposición una obra de excelencia científica, lo que la convierte en definitiva para comprender y valorar con exactitud histórica y filológica la información copiada en los ciento ochenta y siete documentos valpostanos.
 
Las investigaciones minuciosas llevadas a cabo por los autores de estos trabajos han dado como resultado la atribución de una cronología fiable y razonada para la totalidad de la colección, datados en el siglo IX ocho documentos, treinta y nueve en el X, cuarenta y nueve en el XI, noventa en el XII y uno en el siglo XIII.
 
Como preciado fruto de esas pesquisas, han resultado identificadas treinta y cuatro manos y se ha asignado una fecha a cada uno de los escribas.
 
Con las fuentes documentales presentadas tanto el historiador como el filólogo pueden dar pasos importantes para fijar los primeros pasos del romance primitivo, porque no todo es latín en la escritura de los becerros de Valpuesta, ya que el romance se manifiesta, aquí y allí, de manera sorpresiva.
 
La transcripción y los estudios paleográfico y documental de estos Becerros demuestra que en Valpuesta, en el siglo X, a principios de! XI, a mediados o al finalizar el siglo XI, los escribas que anotaban una donación o una compraventa en latín acreditan involuntariamente fenómenos fonéticos, morfosintácticos y léxico-semánticos propios de un romance que luego llamaríamos castellano.
 
En estos Becerros no hay nada que no implique evoluciones y resultados específicamente castellanos a partir de las consonantes latinas originarias y que Valpuesta ofrece datos más que interesantes a la hora de fechar los fenómenos romances que en ese momento -ss. X-XII- estaban consolidándose.
 
En cuanto al nivel sintáctico, estos materiales documentan en tierras castellanas no sólo la existencia del primitivo romance hispánico, del contínuum lingüístico postlatino de las comarcas norteñas de Hispania, sino también modos y usos sintácticos que permiten rastrear rasgos y elementos del castellano primitivo.
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