«Ora pro nobis»

Polarizados al punto de que cualquiera se ve con derecho a interrumpir tu café para echarte en cara lo que hace tal o cual político, solo faltaban en este gallinero los obispos. Pues ya están aquí.

 

Que dice el señor, Su Excelencia Reverendísima, Luis Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal, que se presente una moción de censura, una moción de confianza o que vayamos a elecciones anticipadas- dar la palabra a los ciudadanos, literalmente-. Olvida monseñor Argüello un pequeño detalle, que los gobiernos en España, léase democracia, se eligen por cuatro años y que el presente acabará legislatura en 2027. Y que, si sus dos primeras propuestas son lícitas, la tercera emite un hedor que no emana precisamente de nuestra Constitución.

 

Se ha abierto un interesante debate sobre si este señor, monseñor, puede o no opinar; no hay duda, tiene el mismo derecho a opinar que cualquier español, como ciudadano. Si lo hace como Presidente de los Obispos, léase iglesia, debería tener en cuenta que no todos los cristianos comulgamos con las ideas de tan alto jerarca eclesial.

 

En tiempos felizmente superados los obispos tenían voz y voto en los gobiernos. Y ahora, si quisieran, también; bastaría con que se presentasen a las elecciones. Y que Dios reparta suerte. En aquellos tiempos, expresión muy propia del evangelio, llevaban a un señor bajito y monórquido, con un solo huevo, bajo palio. La hemeroteca es profusa en imágenes de semejante ultraje; más que nada porque ese señor, léase mediocre y obsceno, era un autócrata asesino. Y eso, no hace falta que tome mis apuntes de teología, no encaja muy bien con las sagradas escrituras.

 

Afortunadamente, esto ha cambiado. Sin embargo, en un estado aconfesional la iglesia sigue recibiendo una suculenta millonada sin deber alguno de justificación en una España donde ya hay más iglesias que curas. Es cierto que realiza una gran labor asistencial; y también lo es que apechamos con el adoctrinamiento, pagamos a un profesorado de religión que no ha superado una oposición como sus compañeros, y también aportamos ingentes cantidades que a veces acaban en inversiones o en otros asuntos no muy evangélicos.

 

Los que somos menos de predicar que de dar trigo, nos identificamos con una iglesia, léase otra iglesia, que está más cerca de los pobres que de los palacios, del oropel y las alfombras. Francisco, como los teólogos de la liberación, nos dio muchas pistas de esta iglesia con sus gestos, y sobre todo con sus encíclicas (“Fratelli tutti”, 3 de octubre de 2020). Y por eso, ¡qué paradoja!, no caía bien entre quienes para estar a la diestra de Dios Padre ya están cogiendo sitio, aquí en la tierra, en la diestra, léase “ultradiestra”. Pues en el pecado llevan la penitencia; más cuando León XIV apunta maneras como continuador de sus antecesores: Francisco y León XIII, ambos muy preocupados por la justicia social, los pobres o la inclusión.

 

Los actuales Concordatos con la Santa Sede datan de los años 1976 y 1979. Ha llovido y se ha “secao”. Haría bien monseñor Argüello en pedir a Pedro Sánchez que cumpla la palabra dada en 2017: derogar estos anacrónicos acuerdos y suprimir la religión en la escuela. Sería un buen intento para participar activamente en la vida política. Y que ruegue por nosotros, pecadores que seguimos creyendo en la democracia.

 

Podéis ir en paz.

 

Javier S. Sánchez

Escritor

 

Nota de la Redacción: Revcyl no se responsabiliza ni se identifica, necesariamente, con las opiniones expresadas por sus colaboradores, limitándose a convertirse en canal transmisor de las mismas

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