
Porque queremos una educación pública al alcance de todos, de calidad y con todas las garantías sanitarias requeridas en estos momentos de pandemia. Y esto no se está cumpliendo.
Los equipos directivos trabajaron durante todo el mes de julio, finales de agosto y primera semana de septiembre para organizar el nuevo curso escolar, según el protocolo publicado el 6 de julio de 2020. En este, las ratios de alumnos por grupo en los cursos a partir de 6 años no se modificaba y el uso de mascarilla era obligatorio si no se podía mantener la distancia de seguridad de 1,5 metros. Y la distancia de seguridad era imposible de mantener con esas ratios.
Pero a una semana de empezar las clases todo cambió. Ahora, en una adaptación del protocolo se establecía el uso obligatorio de mascarilla y, a la vez, el mantenimiento de una distancia de seguridad de 1,5 m. ¿Cómo hacerlo cuando ya se habían distribuido los alumnos por grupos y adjudicado a estos su correspondiente profesorado? Todo el trabajo realizado no servía para nada y, lo que es peor, nos encontramos con que no había ni aulas ni profesorado suficiente para llevar a cabo las nuevas instrucciones.
Había que redistribuir al alumnado en grupos más pequeños, rehacer los horarios, improvisar nuevas aulas… Este principio de curso ha sido un caos y sigue siendo un caos, por más que se esfuercen los equipos directivos en reinventar lo que no es reinventable.
Se están habilitando como aulas los gimnasios, los laboratorios, las bibliotecas y aún así nos faltan espacios. El nuevo profesorado ha tardado en llegar y todavía faltan profesores por incorporarse. En algunos centros, como la Casa de los Picos y el IES Ezequiel González, nos encontramos con grupos que han tenido que trasladarse a la tarde, cuando los alumnos se habían matriculado en turno de mañana. Muchos de los horarios de los grupos trasladados a la tarde son antipedagógicos, casi demenciales. Alumnos de Ciclos de Formación Profesional, como los que cursan Emergencias Sanitarias o Farmacia –por poner un ejemplo-, no pueden realizar sus prácticas por falta de espacio en las aulas específicas y otros las realizan en condiciones que no garantizan su seguridad ni la de su profesor.
El personal de limpieza es insuficiente para las tareas de desinfección de las aulas cada vez que estas son utilizadas por un grupo de alumnos diferente. El trabajo de las ordenanzas de nuestro centro se ha multiplicado, así como el del personal de administración.
Y nos preguntamos por qué no se previó lo que iba a pasar, cuando a lo largo del verano estaban aumentando los casos de coronavirus.
¿Por qué se ha esperado hasta el último momento, con los alumnos prácticamente a las puertas de los centros, para improvisar nuevos protocolos?
¿Por qué las altas instancias no han tenido en cuenta las propuestas de los equipos directivos de los centros de enseñanza, como aquellas referidas a la habilitación de aulas en otros edificios de la ciudad?
Solo nos cabe la protesta con la esperanza de ser, por fin, escuchados. Llevamos años con recortes en la educación pública, la única capaz de garantizar la igualdad de oportunidades de todos los niños y jóvenes, sea cual sea su situación socioeconómica de partida.
Coordinadora de la Asamblea de Trabajadores del IES Ezequiel González
Plaza de El Salvador, 1
Segovia




