Castilla y León apoya a los bares de sus pueblos más pequeños como instrumento para impedir la despoblación y el aislamiento de sus vecinos

Castilla y León La abrió el pasado mes de junio una línea de ayudas para sus municipios y pedanías en los que solamente haya un bar, es decir, donde no haya ningún bar no será posible beneficiarse de la ayuda de 3.000 euros por beneficiario, porque los requisitos fundamentales son dos: que los municipios o pedanías tengan menos de 200, con preferencia en la adjudicación de la ayuda para los que tengan menos de 100 habitantes. El período de solicitudes se cerró el pasado día 15 de julio, lo cual no impide difundir y analizar la medida hasta que salga la resolución  que las otorgue así como la relación de sus beneficiarios.

 

Ayudar económicamente a los bares de los pequeños pueblos de Castilla y León es una medida que atiende a los desafíos demográficos de la comunidad, al tiempo que persigue el bienestar comunitario, el mantenimiento de las relaciones sociales y la convivencia en los pequeños núcleos rurales.

 

En este sentido, la nueva línea de ayudas aporta un elemento positivo para la permanencia de los ciudadanos en el entorno rural.  Los bares, cafeterías y otros establecimientos similares son centros de ocio y de relajación para los habitantes del pueblo, pero también son centros de acogida al visitante y de bienvenida al nuevo poblador. Sin duda, sr. González Gago. La cuestión es qué pobladores van a venir estos pequeños y envejecidos pueblecitos, faltos de servicios y aislados de los grandes centros urbanos y, además, sin velocidad en las telecomunicaciones con pantallas orográficas y obstáculos naturales insalvables como la profundidad geográfica de muchos valles, en los que se emplazan la mayor parte de esos pueblecitos.

 

Por otro lado, ésta es una iniciativa positiva desde el punto de vista social, ya que dichos establecimientos son un lugar de encuentro de los vecinos de estas pequeñas localidades, donde hombres, mujeres y niños comparten su tiempo en todo tipo de actividades lúdicas, de ocio o culturales. Absolutamente cierto. ¿Y la materia prima donde está? ¿Dónde están las familias jóvenes con niños correteando y jugando por sus calles? ¿No lo ven?

 

También, es beneficiosa desde el plano asistencial y para mantener el bienestar de las personas, dado que la existencia de un bar en un pueblo pequeño ayuda a evitar la soledad no deseada y la desintegración social, e incluso permite detectar situaciones de problemas de salud, vulnerabilidad o desamparo. En eso no hay ningún pero que ponerle sr. consejero, siempre que fuera una medida más de la política con máyúsculas que necesitan los pueblecitos de Castilla y León que están dando las últimas bocanadas. En 10 ó 15 años desaparecerán los pobladores actuales por causas naturales o biológicas o por su ingreso en centros asistenciales por convertirse en personas mayores dependientes. 

 

Por último, no se puede obviar que también es una medida enfocada a generar empleo y actividad económica, contribuyendo, así, a dinamizar la economía local. ¿Usted se lo cree de verdad, sr. consejero, en un pueblecito de menos de 200 habitantes e, incluso, menor de 100 habitantes, un bar va a ser un negocio rentable? Dejen los intentos de engañarnos, por favor.

 

En definitiva, esta ayuda de 3.000 euros simplemente va a servir a los beneficiarios como una bocanada de oxígeno, seguramente, la última antes de echar la persiana. 

 

Pueblos «habitables y con vida durante todo el año»

Los pequeños pueblos estén bien acondicionados para el día a día de los vecinos, esto es, que tengan buenas infraestructuras y servicios públicos de calidad, pero también que sean habitables, humanos, sociales… en definitiva, que tengan vida durante todo el año. Esto es un deseo voluntarista que, sin duda, mejorará el balance del pequeño centro hostelero, pero nada más pero como ¿garantizar que va a tener vida durante todo el año con una caja que de media le costará llegar a 60 ó 70 euros, antes de descontar gastos e impuestos? Ruinoso.

 

La cuantía que Castilla y León ha destinado inicialmente a esta nueva línea de ayudas es de algo más de 3 millones de euros, si bien, se ha previsto que dicha cuantía pueda verse ampliada para dar respuesta al máximo número posible de peticiones.

 

Podrán solicitar esta ayuda los pueblos de hasta los 200 habitantes, ya sean municipios o pedanías. En todo caso, los pueblos con menos de 100 habitantes serán los primeros a los que se tenga en cuenta para el reparto, continuando con los de menos de 200 habitantes hasta conseguir atender a todas las solicitudes que permita el límite presupuestario.

 

El número de municipios castellanos y leoneses que entran en estos márgenes de población, es decir, que tienen menos de 200 habitantes, es de 1.265, lo cual representa a más del 56 % de los 2.248 municipios de Castilla y León. En cuanto a las pedanías, hay 1.996 con menos de 200 habitantes, más del 90 % de las 2.208 que existen en la Comunidad.

 

De entre estas entidades locales, las que tengan menos de 100 habitantes tendrán prioridad a la hora de recibir la ayuda. En Castilla y León hay 719 municipios y 1.761 pedanías que tienen menos de este número de habitantes.

 

En total, por tanto, existen en la comunidad 3.261 entidades locales con menos de 200 habitantes (más de un 73 % de todas las entidades locales castellanas y leonesas), de las cuales 2.480 cuentan con menos de 100 habitantes.

 

Ayudas condicionadas 

Los establecimientos que recibirán la ayuda podrán ser tanto públicos como privados. Los ayuntamientos beneficiarios deberán cumplir un requisito más allá del límite de población. Con el objetivo de no interferir en la libertad de mercado, el municipio o la pedanía solicitante deberá tener solo un bar. En el caso de las pedanías, solo cuenta para este requisito el número de este tipo de centros dentro de la propia pedanía, y no los que se encuentren en el municipio al que pertenecen. Podrá ser beneficiario de la subvención un municipio de más de 200 habitantes al cual pertenezca una pedanía con menos de 100 habitantes y que tenga un bar, siendo el destinatario último de la ayuda el establecimiento situado en dicha pedanía.

 

En todos los supuestos, tienen la obligación de abrir un mínimo de 5 días a la semana y de 5 horas al día, salvo durante el mes de vacaciones. ¿Podrán irse los que regenten esos pequeños bares como autónomos de vacaciones? Ni de «coña», permítan la expresión coloquial. Nuevamente, expectativas ilusorias y, de nuevo, ensoñaciones y ocurrencias de los responsables políticos.

 

Los 3.000 euros de la subvención deberán dedicarse a cubrir gastos de suministros generales, como agua, luz, gas y otros combustibles para calefacción y agua caliente, y también podrán destinarse al pago de internet, televisión o plataformas audiovisuales.

 

La subvención será percibida en última instancia por la entidad pública (municipio o pedanía) o por la empresa privada que haya corrido con los gastos, que han de haberse producido en el último año antes de esta convocatoria.

 

Existe un mantra que sostiene que todas las personas que viven en el medio rural de Castilla y León saben que un pueblo sin bar es un pueblo en el que la vida se hace muy difícil. En ocasiones, el bar es el último reducto para la socialización y el esparcimiento, y su existencia puede marcar la diferencia para quien pueda estar planteándose si quedarse a vivir en el pueblo o irse a otro lugar con mayor actividad. Esto no se le cree ni el que «asó la manteca». Las personas deciden irse de su pueblo, muy a su pesar, haya bar o no haya bar por la falta de atención y de servicios esenciales y, sobre todo, por su deterioro físico y psíquico al avanzar en edad, haya bar o no haya bar. Hablamos de una cuestión de supervivencia. Traigan familias jóvenes y niños a estos pueblecitos y ayudénles a desarrollar sus ideas de negocio y volverán la alegría colectiva, las ganas de vivir, la desparición del pensamiento de irse del pueblo, el empleo, la pujanza, el dinamismo, el consultorio local, abrirán las escuelas, …….

 

Dicen que estas ayudas tienen vocación de permanencia. El coste es de 3 millones de euros. Aunque fuera el doble, que esos pueblecitos lo merecen. La pregunta surge enseguida ¿Y por qué no lo han hecho en las 3 décadas que llevan al frente de Castilla y León? Esto huele a chamusquina.  Una nueva medida que no va a ningún sitio. Bueno sí, a seguir «secuestrando» a los electores y a seguir justificando su permanencia en los cargos. No cuela señores Fernández Mañueco y González Gago. No cuela ya. 

 

De nuevo, otro parche o tapón para detener la sangría demográfica, el envejecimiento galopante y, sobre todo, el problema mayor de dicho envejecimiento y de la mencionada despoblación, el aislamiento social y la muerte lenta por inacción de los representantes políticos ante tan grave «enfermedad». Se necesita una verdadera política estructural y consensuada para detener esta problemática.

 

Los bares aparecerán cuando se repueblen los pequeños pueblos despoblados con personas y familias jóvenes con iniciativa y planes vitales, claro, que la repoblación no va a venir sola, hay que ayudarla con ayudas potentes, viviendas asequibles, ayudas a emprendedores con ideas en la cartera que puedan generar alguna sinergia que sea capaz de generar tejido económico y, por tanto, posibles empleos. Señores Fernández Mañueco y González Gago, ¿cuándo se van a dar cuenta del problema real de Castilla y León para que, de forma urgente, puedan decidir sobre medidas contundentes e idóneas que ustedes conocen perfectamente?

 

No se critica la medida que, si consigue parar el cierre de muchos establecimientos que están pensando en dejarlo, pues bienvenida sea y, además, con expectativa de continuidad. Se critica el momento, muy tardío y, sobre todo, la falta de medidas contundentes, estructurales, potentes y fundamentales para atraer o traer a familias jóvenes con ganas de iniciar su vida en estos pequeños núcleos.

 

Hasta el próximo «parche», perdón, ha sido un lapsus linguae, hasta la próxima medida.

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