Rutas ciclistas por la cuenca del Río Duero. Ruta 4: Pequeñas sorpresas por el valle del rio Pilde

 

Estamos en la última semana de este invierno lluvioso. Tras un viaje en la niebla aparezco en Brazacorta. Un pueblo recóndito de la provincia de Burgos junto al rio Pilde. Desde allí parto, monte arriba, sumido en la niebla, en la soledad y el silencio.

 

Llevo rumbo Norte, hacia Hinojar del Rey. La niebla va levantando a medida que el sol gana fuerza. El silencio y la soledad persisten por estos parajes en los que solamente las ruedas de la bicicleta, al cruzar los abundantes charcos, se atreven a romper con su rumor de salpiqueo.

El rio Espeja, un hermano del Pilde

Allí en Hinojar del Rey me encuentro con el río Espeja, un afluente del Arandilla que baja boyante. El pueblo reposa en un alto mientras que sus bodegas se acurrucan en el valle junto al río. Para seguir mi ruta tomo el camino del Pontón. El sol ha derrotado a la niebla y no hay rastro de viento. Todo es humedad y charcos. Arroyos rehenchidos, fuentes transparentes y caminos empapados que hacen delicioso el paisaje y pesado el rodar.

 

Llego hasta La Hinojosa y desde allí a Espeja de San Marcelino. Por allí el Espeja acaba de nacer entre un brusco desfiladero calcáreo. Ya en el pueblo, me llaman la atención las cáscaras de huevo decorando la cruz sobre su rollo y también la muestra de las hermosas piedras de jade y mármol de sus canteras. Yo sigo camino hasta Orillares. Aquí nace el río Pilde recogiendo las aguas de las laderas de La Sierra. Al otro lado, el río Lobos, ya va construyendo su imponente cañón.

La Hoz de Orillares

Paro unos momentos a descansar junto a la humilde parroquia de Santiago. Me ofrezco a llevar el carretillo vacío a un hombre mayor que parece en dificultades. Agradecido me dice que no es necesario. Tiene unas pocas ovejas y las sigue cuidando. Me invita a cruzar el la hoz de Orillares al pie del monte La Matosa. Me cuenta cosas sobre sus fuentes, sus cuevas y el rio atravesándolas. Tenía pensado pasar por allí paro ahora estoy ansioso.

 

Cuando me acerco observo como las aguas se juntan al lado del camino. Luego vienen algunas más del arroyo Mimbre y enseguida el pequeño curso de agua se consolida formando el río Pilde. Otro afluente más del Arandilla. Ahora el ancho camino entra en un desfiladero de película. Miro hacia arriba y los muros se levantan estrechando los cielos sobre los que, a estas horas, planean elegantes los buitres leonados. Aparecen cuevas, algunas someras, otras más profundas y el rio… El río se cuela entre una de ellas con el brío con que el ferrocarril atraviesa un túnel. Más allá vuelve a salir dibujando un precioso diorama con sus aguas veloces y espumosas. El pequeño desfiladero embelesa.

 

Dejo la hoz y al Pilde. De momento.

La Torca de Fuencaliente

Paro a almorzar junto al rio Seco que hoy va bien mojado. Me costó incluso vadearlo y pude gracias a la ayuda de la bicicleta usándola como puentecillo. Allí estudio un poco el terreno para llegar hasta la Torca de Fuencaliente. Estoy cerca y quiero aprovechar la oportunidad.

 

Campo a través y entre bruscos lapiaces me intento acercar. Ahora es mediodía y el sol calienta o es mi esfuerzo y cansancio. Abandono la bicicleta entre la arboleda y caminando recorro el último kilómetro entre un paraje solitario y misterioso cerrado de sabinas. Finalmente encuentro la torca. Es impresionante. Rodeo la sima, me acerco cuanto puedo con vértigo y prudencia. Lanzo un pedrusco y el sonido, cuando al rato llega al fondo, me sobrecoge.

 

¿Qué restos habrá allá abajo?¿Qué leyendas o realidades harán alusión a tan siniestro lugar? ¿Será quizás el vestíbulo del infierno de Dante?

 

Dejo la fantasía, la realidad es suficiente. La sima tiene más de 80 m de profundidad y ha sido explorada. La primera vez debió ser en 1908 cuando recuperaron el cadáver de Antonio Puente, un guarda desaparecido que parece ser que murió asesinado sin llegar a saberse por quien. Un crimen perfecto que dio lugar a un prodigioso rescate.

El valle del rio Pilde

Deshago lo andado y me reencuentro con la bicicleta. Abandono el inmenso y salvaje sabinar y, relajado, por la carretera llego hasta Guijosa, dejando atrás las ruinas de su convento.

 

De nuevo me reúno con el Pilde, ahora bien conformado por los arroyos que han ido aportando sus aguas… ¿Pero qué primavera vamos a tener? No puede estar todo más bonito.

 

 

Por el valle, siguiendo al rio, llego hasta Quintanilla de Nuño Pedro y después a Alcubilla de Avellaneda. La tarde va cayendo con suavidad, parecen días diferentes. Los caminos siguen empapados y el esfuerzo se nota en las piernas.

 

Sí, la jornada está siendo larga. He disfrutado de corzos mordisqueando los trigos tan verdes y de las cigüeñas en el nido incubando con paciencia. De los jabalíes solamente y por suerte encontré sus hozadas sobre prados muy verdes y con abundantes chirivitas. Bodegas, torres y un cementerio alegre y con encanto. Una naturaleza rica y exuberante que quizás no fuera tal de no existir la supuesta despoblación.

 

En Alcoba de la Torre puedo visitar el interior de su coqueta iglesia, sencilla y rural y también los restos de su castillo.  Después de 60 km regreso a Brazacorta. Allí despido al rio Pilde que sigue tenaz en su crecida. Observo las recovecos de su iglesia medieval con torre de ladrillo y termino en los viejos lavaderos.

 

Están graciosamente reconstruidos y… ¡vaya!, también ambientados. Varias tablas de lavar, una tajuela, un barreñón e incluso; sí, ¡también el mismísimo asperón!

 

 

Un par de trozos de aquel vasto jabón de antaño que me ayuda a lavarme las piernas y brazos. También enjuago la sufrida bicicleta en el desagüe, acariciándola sus lomos y quitándole el barro, como a una bestia.

 

Y prados por doquier….

 

Pobrecilla…

 

Mapa y perfil de la ruta

 

 

Algunos datos sobre Brazacorta, inicio y final de la ruta realizada por Durius Aquae

El origen de Brazacorta se encuentra en la fundación, en el siglo XII, de un convento de monjas premonstratenses que provenían del cercano monasterio masculino de Santa María de La Vid, a unos 16 km de Brazacorta. Precisamente el blasón de esta orden religiosa, creada en Francia en el siglo XII, muestra dos báculos abaciales cruzados, y por este motivo el escudo de la localidad, y también el sello del Salvoconducto del Camino del Cid, lo exhiben.

 

Alrededor de este convento surgieron los hogares de quienes daban servicio al monasterio, germen del actual núcleo poblacional. De su importancia da buena cuenta el privilegio que Sancho IV (siglo XIII) otorgó a la villa, que permitía tomar una oveja de cada rebaño que pasara por su término.

 

Brazacorta se encuentra a 11 km de Peñaranda de Duero, en el extremo sur de la provincia de Burgos, formando parte de la comarca de la Ribera del Duero. Es el último pueblo de Burgos que recorre el Camino del Cid (en su variantes cicloturista y a motor) antes de adentrarse en tierras sorianas.

 

El paisaje que rodea la población está dominado por la vega que aprovecha las exiguas aguas del río Pilde para poner en valor pequeñas huertas y campos de maíz o cereal.

 

A lo largo del cauce del río, se forman frondosas alineaciones de bosque de ribera que representan un importante refugio para la fauna del entorno. En sus márgenes, ascendiendo por las suaves laderas de relieves alomados, se extienden los campos de cereal -cultivos de secano que aprovechan los terrenos más aptos y accesibles-, alternándose con pequeños retazos de monte bajo diseminados por el horizonte.

 

Situada, como está, en la Ribera del Duero, Brazacorta posee una antigua tradición vitivinícola. En los alrededores de la población todavía se pueden observar numerosas bodegas excavadas en la roca donde se almacenaba el vino.

 

El edificio más emblemático de la localidad es, sin duda, la iglesia de La Asunción, de origen románico, que formaba parte del convento que dio origen al pueblo actual. El templo se sitúa en la parte baja de la población y, a pesar de la desafortunada actuación de su torre, conserva elementos románicos en el ábside, en la fachada, y en su interior.

 

A la entrada de la población, dando la bienvenida al visitante del Camino del Cid, se encuentra la ermita del Cristo del Humilladero, un humilde edificio fabricado en sillar y mampostería con una espadaña simple rematada en forma piramidal.

 

Para los viajeros sin prisa, en Brazacorta hay un sendero de unos 9 km de baja dificultad, el PRC BU 157, que circula en torno al río Pildé y atraviesa un bosquete de sabinas centenarias.

 

Como curiosidad para los amigos del silencio, en el municipio, a unos 12 km, se encuentra el despoblado de Cuzcurrita de Aranda, de la cual Madoz nos informaba en 1845 que contaba con 17 casas y una escuela. En la actualidad tan sólo los restos de su iglesia de San Martín dan fe de la existencia de la población.  

 

Villa encuadrada en la categoría de “pueblos solos” del partido de Aranda de Duero, jurisdicción de de señorío ejercida por el Conde de Coruña quien nombraba su Alcalde Ordinario.

 

  • Superficie: 21 Kilómetros cuadrados
  • Población (1-1-2023): 47 habitantes, 31 verones y 16 mujeres
  • Distancia a Burgos por carretera: 110 Kilómetros
  • Comarca: Ribera del Duero
  • Partido judicial: Aranda de Duero

A continuación, se muestran algunos datos demográficos que ponen de manifiesto el mal de los pueblos de Castilla y León, como Brazacorta, la pérdida de hombres y mujeres, con especial incidencia en las mujeres, así como el envejecimiento coninúo de la población:

 

 

 

 

Durius Aquae

 
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